MARTÍN OLMOS MEDINA

La Pupila de la Aurora

In Espías y traidores on 8 de noviembre de 2012 at 13:10

Mata-Hari dijo al tribunal que la juzgaba: “He sido una cortesana, pero no una espía de Alemania”

“Mata-Hari apenas bailaba pero sabía desvestirse progresivamente moviendo un cuerpo largo y orgulloso”
SIDONIE GABRIELLE COLETTE.

Como la Mata-Hari no sabía bailar enseñaba el género y movía el cuero exuberante para el alborozo de los concurrentes, que después se iban a casa a hacer la comparación. Generalmente las legítimas salían perdiendo y los concurrentes le dejaban al hijo sin Reyes para regalarle diamantes de presumir a la Mata-Hari, que como no sabía bailar, enseñaba el género y movía el asiento, que lo tenía cobrizo como el fondo de una olla y terso como la piel de un tambor. La Mata-Hari observaba el lecho acomodaticio y la biografía variable, como el tiempo en primavera, y cuando se le gastaba una vida, se inventaba otra sin calibrar si tenía talento para llevarla a cabo. Dejó fama de danzarina y de espía de dos barajas pero tenía dos pies izquierdos, Sergei Diáguilev no le admitió en el ballet ruso, Richard Strauss le negó un papel en el estreno de su ópera “Salomé” y a la hora de averiguar secretos no pasó de recoger algún cotilleo de cuartel que se le escapó a un oficial con el pitillo de después del consuelo, que es propenso al desahogo. A Mata-Hari la fusilaron los franceses porque había que fusilar a alguien para mantener la moral alta y lo que mataron fue a una profesional solvente del oficio horizontal, a una ramera babilónica que trabajó las sábanas de seda porque no raspan y son más rentables que tumbarse a la marinería por tres chavos, una copa de ajenjo y un cuento de la mar. Mata-Hari ni siquiera se llamaba Mata-Hari y se llamaba Gertrudis.

La esposa
Margarita Gertrudis Zelle nació el 7 de agosto de 1876 en Leeuwarden, en la provincia holandesa que contribuyó al mundo con las vacas frisonas. Su padre era sombrerero, con lo que aprendió a calcular la circunferencia del talento de los demás pero, en cambio, estimó el tamaño del suyo por lo alto y se arruinó especulando en negocios fantasiosos. Margarita Gertrudis creció amulatada de piel, huérfana de madre e intuyó su belleza cuando tenía quince años y el director de la Escuela de Lyden, el señor Wibrandus Haanstra, se arrodilló a sus pies suplicándole que se quedase un rato más en clase, a repasar los deberes. A los dieciocho años tenía sueños de grandeza e inclinación hacia los uniformes, y empezó un noviazgo epistolar con el  capitán Rudolf  McLeod, un oficial que le doblaba la edad y estaba destinado en las Indias Orientales. McLeod la preñó y tuvieron que casarse por la presurosa, pasaron la luna de miel tomando los baños en Wiesbaden y al año se trasladaron a la isla de Java, donde el capitán fue ascendido a comandante y asumió el mando de la guarnición de Malang. La pobre Gertrudis había soñado un trópico de esposa colonial y lujo asiático y recibió vara de teca en el lomo, que le administraba su marido, que además le salió borrachuzo y putero. Ambos cónyuges se compenetraron con la cultura local, cada uno a su manera: el comandante McLeod violó a la hija de un sirviente javanés, que para empatar envenenó al hijo de la pareja, y Gertrudis aprendió el apareamiento oriental, que se hacía de preámbulos. Ambos tenían el lecho social. Licenciaron a McLeod en 1902, volvieron a Holanda y rindieron el matrimonio, que ya estaba deshecho de correazos y cuernos. Cada uno tomó su camino.

La bailarina
Gertrudis enterró en Amsterdam a la hija del sombrerero y se fue a París a intentar ser modelo de costureros, pero acabó en un burdel de segunda y pescó la gonorrea. Si había que ser puta, decidió no ser barata. Aprovechando que tenía la piel del matiz de la herrumbre se inventó a la Mata-Hari, bailarina india de la ciudad santa de Jaffuapatan, en la costa Malabar, hija del rajá Assirvadam, de la casta de los brahamanes, y de una bayadera del templo de Kanda Swany. Cuando quedó huérfana, la adoptaron los sacerdotes de la pagoda de Shiva, que la llamaron Mata-Hari, la Pupila de la Aurora, y la enseñaron los ritos de las danzas mágicas que volvían locos a los hombres. Un capitán de barco holandés la raptó y se la llevó a Europa, la obligó a bailar para él hasta que el hombre perdió la razón y Mata-Hari escapó. Según a quién se la contase, Gertrudis le ponía a la historia detalles de abusos y tigres. Mata-Hari debutó en el Museo de Arte Oriental de París en 1905, con los francos generosos que puso a su disposición su amante, el millonario Émile Guimet. Bailaba regular, confirmándole al auditorio la noción que se traía de casa de lo que era el Oriente, y al final del número se había despojado de los velos y tenía el temperamento al aire a excepción de los pechos, que escondía dentro de dos cazos de bronce, al parecer porque le faltaba un pezón, que le arrancó el comandante McLeod de un mordisco. Mata-Hari actuó en el Follies, en el Olympia y en la Scala de Milán, llegó a cobrar 10.000 francos por tarde más las propinas de los epílogos de alcoba y en Madrid bailó en el Central Kursaal y en el Alhambra, se alojó en el Ritz, frecuentó el Llardhy y el café Gijón, fue amante del senador catalán Emilio Junoy y le puso los cuernos a Raquel Meller gozándole al marido, el escritor Enrique Gómez Carrillo. Dato, Cambó y Romanones la quisieron conocer, pero Mata-Hari no les encontró una tarde.

La espía
La naturaleza inexorable siguió su curso y con el tiempo Mata-Hari fue perdiendo gracias y abandonó el baile por el meretricio de lujo. Cuando la guerra se desató en Europa, el jefe de los servicios secretos del Káiser, el embajador Kraemer, decidió que podía sacar provecho de la propensión de la bailarina a despertarse al lado de un militar. Mata-Hari inició su carrera de espía pensando que era un juego de sociedad para después del té. Espió poco y mal, para un bando y para el otro, y los informes que enviaba no tenían ni interés político ni militar. Francia había calculado una guerra corta y victoriosa y, sin embargo,  las bajas de las trincheras se empezaron a contar como escabechinas. Le vino muy bien una culpable célebre que además tenía cartel de golfanta. El contraespionaje francés la detuvo en París el 13 de febrero de 1917, la encerraron en la prisión de San Lázaro y la juzgó, sin prensa, un tribunal militar que tardó diez minutos en condenarla por alta traición. Tenía 41 años cuando la fusilaron en el campo de Vincennes, a las seis de la mañana del 15 de julio de 1917. No quiso que le vendaran los ojos y saludó con coquetería al pelotón de fusileros, que le correspondió acertando solo tres de los doce disparos. Dicen, pero no es cierto, que un piloto que había sido su amante bombardeó el campo. La remató de un tiro en la sien un sargento de caballería. El resto es mito y en el cine la hizo Greta Garbo, la Divina, y en España Gracita Morales (Uy, el señoriiiito), Blasco Ibañez la usó de modelo para la Freya de su “Mare Nostrum” y Hemingway impresionó a los paletos de Oak Park contando que se la tumbó, aunque la encontró un poco cargada de caderas. Hemingway fue a la Primera Guerra Mundial cuando Mata-Hari llevaba un año difunta, así que más bien la debió encontrar fría. Fue muy poco francés fusilar a una ramera para dar un escarmiento cuando ellos inventaron la Maison Tellier, la casa del 24 de la Rue des Moulins, que frecuentaba Toulouse-Lautrec, las camas Versalles y la sífilis.

MARTÍN OLMOS

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: