MARTÍN OLMOS MEDINA

Uno, equis, dos

In El cañí on 22 de noviembre de 2012 at 13:31

El sistema para acertar en las quinielas de Julio López Guixot pasaba por el garrote

“Con una de catorce se arreglará”
JOSÉ LUIS PERALES.

El Cuñao lleva la “d” implícita entre las dos últimas vocales, pero no se pronuncia para no sonar finolis, y aunque le hayan contado lo contrario, no es un ser humano normal, sino una entidad mitológica, aunque tangible, que siempre es más listo que usted, que se bebe su coñac bueno (el que guarda para navidad)  y hace trampas al fisco y usted no, porque es tonto. El Cuñao atesora arcanas sapiencias y sabe secretos, está de vuelta cuando usted va y tiene el chiste rápido, la cartera lenta y un palillo entre las perlas que le sirve lo mismo para escarbarse la borra de las uñazas que para hacerle una chimenea a la punta de la faria. Usted tenía un amigo, junto al que crió nieve en la sien, al que se le rompió la junta de la culata del Ford Fiesta y usted, que es hombre de inamovibles lealtades, le dijo: eso te lo arregla mi cuñao. El Cuñao, generalmente, tiene un taller de mecánica en el que saca facturas sin IVA y tardó un siglo en meterle mano al coche, le hizo una faena de apaño que le tiró una semana escasa y le zurró un sablazo que le tembló. Usted tenía un amigo, pero ya no. Ahora le llora, melancólico, como lloraba Isak Dinesen su granja en África. El Cuñao siempre tiene razón, como la zarza ardiente, y la vida le va de miedo, no como a usted, que es un mindundi, pero nunca está cuando hay que echar una mano en la mudanza.

De la misma forma que sirve para perder amigos, el Cuñao vale también para buscarse enemigos si se le pronuncia a destiempo. Al gaucho Martín Fierro le encontró la camorra un valentón en un boliche invitándole a un vaso y diciéndole: “Beba, cuñao”. Fierro, que era replicón, le contestó: “Por tu hermana, que por la mía no hay cuidao”, y salieron afuera del tambarrio a trenzarse con el facón.

El sistema
José Segarra Pastor tenía un empleo en la banca y un cuñao, y con ambas posesiones iba supliendo su escasez de luces. El cuñao era Julio López Guixot, y aunque todavía no lo era en ley, tenía avanzado el noviazgo con su hermana Asunción y contratada la capilla para el casorio. López Guixot tenía un alto concepto de sí mismo, planta de sportman, el verbo vivaz de los charlatanes y urgencia por medrar, a ser posible sin madrugar. Echando el cálculo, estimaba que había nacido alrededor de 1923, pero no lo sabía con seguridad porque cuando mamón le abandonaron en un portal y le recogió la beneficencia. Cuando talló de quinto, se alistó voluntario en el Ejército del Aire porque le gustaba el uniforme, pero le abrieron un consejo de guerra por escribir proclamas llamando a la rebelión y se pasó diez años en un penal militar. Cumplió la condena y salió con ganas de ahorrar tiempo, se instaló en Elche, emparentó con los Segarra, por parte de Asunción, y sedujo a su futuro hermano político con su incontestable discurso de vendepeines, su mundología y su conocimiento de los atajos.

En España en los 50 se comía poco y mal y al paisano solo le quedaba Marisol, Pablito Calvo y las quinielas. En la liga de 1954 fue Pichichi Juan Arza, con 29 goles, que era navarro de Estella, jugaba en el Sevilla y le decían el Niño de Oro, pero el campeonato lo ganó el Real Madrid de Di Stéfano, Gento y Marquitos. Un menda de la época se podía hacer millonario con el estraperlo o con las quinielas y a Julio López Guixot no le gustaba trabajar. Decía Indro Montanelli que los listos viven de los tontos y los tontos de su trabajo. López Guixot encontró un sistema para forrarse con las quinielas por el medio de rellenar semanalmente más de doscientos boletos (en aquella época aún no existían las apuestas múltiples)  y convenció a José Segarra para formar una peña capitalista que perdió su inversión como el agua en una cesta. La familia Segarra tuvo que hipotecar su casa para hacer frente a las deudas y el ajuar de Asunción se mudó al Monte de Piedad. Lloraba la pobre Asunción su vestido de bordados de argentería y su velo de vírgen. El Cuñao siempre tiene razón, como la zarza ardiente, pero no siempre le salen los planes a la primera. Un día le detuvieron dos Guardias Civiles y le mandaron a un batallón de castigo en África para rendir el periodo de mili que dejó a medias por haber llamado a la sedición. El sol de la morería no diluyó sus ambiciones y regresó con sus planes perfeccionados concluyendo que no hay apuesta sin riesgo. Dice el popular que hay que mojarse la bolsa de los testigos si se quieren coger truchas en el río.

La financiación
José Segarra tenía un compañero en el banco que se llamaba Vicente Valero y era Don Juan, si se presentaban las circunstancias. Valero era habilitado del banco y se encargaba de llevar efectivo desde la sucursal de Alicante a la de Elche, y cumplía con dedicación si no tropezaba una hembra a la que galantear y convidarle a vermú. López Guixot el Cuñao le convenció a José Segarra para atraer a Valero a una finca de Vistahermosa con el engaño de que habría gachisas y tablao y el día 30 de julio de 1954 le prepararon la emboscada. Valero desvió el rumbo y se reunió con Segarra para encaminar la finca, llevaba el bigotillo untado, cincuenta mil pesetas en una cartera de mano y otras doscientas cincuenta mil escondidas en los refajos del terno, recién planchado para la ocasión. Cuando asomó el Don Juan, el Cuñao le abrió la cabeza con un yunque de zapatero y le dejó morir desangrado sin tener las tripas de rematarlo. Segarra se fue al médico, a decirle que andaba flojo y a buscarse una coartada, y López Guixot se arrugó a la hora de enterrar al muerto y lo abandonó a ver si desaparecía solo,  le afanó la cartera de las cincuenta mil pero no se entretuvo en las entretelas y se dejó el cuarto de millón en el forro de las sisas. Le dijo, no obstante, a Segarra que el cuerpo no iba a aparecer. Emprendieron el negocio de las quinielas y Guixot se casó con Asunción, se fueron de luna de miel y el cadáver apareció a los cuatro meses, oliendo a perro de anteayer. El comisario jefe de Alicante, don Jesús Gómez de la Guía, inició la pesquisa y detuvo a José Segarra, que largó con desahogo. Julio López Guixot regresó del viaje de novios y acertó una de trece que le reportó 127.000 pesetas. Cuando fue a cobrar el premio en una administración de Cartagena le detuvieron y después del juicio le dieron garrote en el Reformatorio de Adultos de Alicante. Jugó en casa pero marcó el verdugo y salió un dos en la quiniela. Segarra cogió seis lustros de trena. La liga del 54-55  la ganó el Real Madrid de Di Stéfano, que era del barrio de las Barracas de Buenos Aires y le decían la Saeta Rubia. Trece años después, el general Franco acertó una quiniela de 2.838 pesetas y como le dio apuro mandar a cobrarla a la Guardia Mora, envió al recado a su ayudante de infantería, el comandante Carmelo Moscardó, hijo del héroe del Alcázar. El boleto se conserva como una curiosidad en el Patronato Nacional de Apuestas Mutuas.  El general Franco también tenía un cuñao, que era Ramón Serrano Súñer y le decían el Cuñadísimo, pero al final se dejó matar por su yerno, que era marqués con capa.

MARTÍN OLMOS

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