MARTÍN OLMOS MEDINA

Cuando el marido estorba

In El cañí on 6 de diciembre de 2012 at 21:33

Como Ramona se entendía con el mancebo y le sobraba el legítimo, buscó la solución en un hacha y en la cuadra de los gorrinos

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“Mi primer contacto con la poesía eran las visitas al pueblo de algún ciego que cantara romances como el de El Crimen de Tardáguila”.
JOSÉ-MIGUEL ULLÁN. Poeta.

A pesar de ser hombre de campo, Domingo Laso de Vega nunca acabó de entender que no es la mejor idea meter al zorro en el corral de las gallinas. Dicen en el rústico, con esas metáforas que hacen con  bichos, que no llames a los pájaros, que bajan a comer. Domingo Laso de Vega metió en su cortijo a un gañán para que le ayudase en la labor y le dio confianza, mantel y un sitio donde dormir. Y es seguro como que el sol sale por el este que si metes a un hombre en tu casa empieza por sentarse en tu retrete, dejando en el asiento su incómodo calor, sigue por saber dónde guardas el vino bueno y acaba por usarte a la mujer. Sobre todo si ésta te salió pendón. A Domingo Laso le coronaron la cresta, después se la abrieron con un hacha y le enterraron en la cuadra de los gorrinos, debajo de una capa de cemento y el pueblo hizo del suceso una copla que empezaba diciendo: “Sagrada Virgen María/ Madre del Dios Creador/ darme para que cuente/ este crimen tan traidor”.

Domingo Laso y su mujer Ramona tenían en común el apellido, porque eran primos carnales, y poco más y en el casamiento influyeron más las fincas que los amores, con lo que el matrimonio se edificó sobre el suelo, más bien frágil, de la conveniencia. Se casaron el 7 de septiembre de 1940 en la iglesia de Santa Engracia, previo acuerdo de los parientes que querían juntar las haciendas, pusieron casa en Tardáguila, en el camino de Topas, en la provincia de Salamanca y tuvieron una hija a la que llamaron  Amparito. En Tardáguila le levantaron una iglesia a Santa Engracia porque hizo una noche en su camino a Zaragoza, donde Publio Daciano le cortó el pecho izquierdo para ver cómo le latía el corazón. Después, Publio Daciano, que era prefecto de Hispania en la era de Diocleciano, le cogió afición al martirio y le perforó los oídos con un hierro candente a Santa Aquilina, encerró a Santa Eulalia en un corral de pulgas después de haberla matado a palos y a San Zoilo le arrancó los riñones desde un ojal que le hizo en la espalda.

Tres bandas
Domingo Laso no era un santo pero iba camino de ser el mártir de un triangulo amoroso de pueblo. Con el tiempo le cogió gusto al naipe y a perder en la taberna y para que le atendiese la tierra contrató a un gañán de Zamayón que se llamaba Lino Herrero y era joven y con ganas de medrar. Lino se instaló en la casa del matrimonio, haciendo multitud de tres, y una tarde que Domingo andaba en la timba Ramona le enseñó al mozo unos roces de jara que se había hecho en las piernas y se expuso en cuero vivo y como el chaval no era de piedra acabaron haciendo la intersección sobre la mesa del hogar. El descuido se hizo derecho y en la casa de Tardáguila se jugaron las tres bandas. La copla dijo: “Pues esta mujer ingrata/ la que al vicio se entregó/ con el criado mancebo/ causa de su perdición”. A Domingo dejó de calzarle la boina pero no se enteró y palmó en el tapete una apuesta que tuvo que satisfacer vendiendo por lo bajo un pajar de Ramona, ésta hizo el cálculo de la pérdida y le salió que le sobraba una de las tres patas de la banqueta. Mal le pinta el porvenir a un marido cuando se convierte en estorbo. “Ramona le dice a Lino/ con muchísimo salero/ matamos a mi marido/ y nos vamos al extranjero”.

El ciervo y la fresca
La noche del 7 de abril de 1952 llegó Domingo de perder en el burle y con tres chatos, llegó pendenciero y riñó con Lino a cuenta de un buey, que dijo que el mancebo se lo mancó, y luego se sentó a cenar, se regó con media frasca y se quedó frito en el postre sin levantarse de la mesa. Ramona le metió un hachazo con un destral de mano que le levantó la tapadera del cráneo y le sacó del puro golpe la masa encefálica. Lino por precavido valía por dos y le dijo a la mujer que le diese otro por rematar. Cogieron los dos al muerto, lo enterraron en la cuadra envuelto en una manta y le dieron una capa de cemento a la sepultura para que no la enredasen los cochinos. Lino salió a la mañana siguiente para Madrid y desde allí puso un telegrama firmado por Domingo en el que decía que se marchaba a Buenos Aires. En Tardáguila, donde hizo noche Santa Engracia camino del martirio, no se extrañó el compadraje de que Domingo se fuese a por las de Villadiego porque ya le andaban pregonando de ciervo y a la mujer de fresca y nadie se jugaba una gorda por el futuro de aquel hogar. Poco tiempo después Lino se puso a pactar negocios con las tierras de las que no era amo y a portarse de señor y dejó a la viuda en secano, porque le perdió el interés, y los dos cómplices riñeron. LINO HERRERORumoreaba Tardáguila en corros de lavar y en el barbero. Hicieron dos malas patas para un buen banco aquellos dos criminales de villorrio y cogieron cada uno su camino. Lino volvió a Zamayón y Ramona quiso pasar por doliente pero ya estaba sospechada. La Guardia Civil encontró en agosto el fiambre en la porquera –“empezaron a picar/ con la malvada presente/ y al descubrir el cadáver/ reía cobardemente”-,  le calzó las pulseras a la viuda y a Lino le puso un galgo. El jornalero huyó a Pamplona con la intención de tomar por Irún el camino de Francia pero se le antojó duro el exilio, volvió a su pago y en la casa de su padre le prendieron.

En el juicio Ramona pretendió pasar su vida por calvario, dijo que se casó a la fuerza y que su marido fue borrachuzo, burlanga y pegón y Lino se presentó como un zagal de poco candil, cumplidor pero inocente, al que engatusó la doña con sus artes de mujer. El fiscal, sin embargo, determinó que Ramona era una mujer de una “psicología difícil y extremadamente lujuriosa” y en una exhibición de pedagogía behaviorista afirmó que si su marido la calentaba era por enderezarle la conducta desordenada. Que la templanza se enseña a guantazos. Les dieron a ambos treinta años de presidio y pudieron dar las gracias de no sentarse, por un pelo, en el garrote. Aquel crimen fue agrario, con hachazos y cuadra, y pasional, de la modalidad triangular, casi de manual, con dos amantes furtivos y un descarte pero escribió blasón en el pueblo de Tardáguila, en donde no pasaba nada desde que hizo noche Santa Engracia camino del martirio y si a ésta le levantó una iglesia, al suceso le puso rima: “Así termina la historia/ de Domingo infortunado/ que Dios lo tenga en la gloria/ por nacer tan desgraciado”. Échenle un duro al ciego, que también tiene que comer.

MARTÍN OLMOS

Anuncios
  1. Sobrecogida me ha dejado el relato, soy de Tardáguila y desde niña había escuchado este suceso en boca de mis padres como algo irreal, pues de tanto oírlo y además en copla, no llegue a entender la gravedad de los hechos. Es triste que se conozca a tu pueblo por un suceso tan grave, pero está muy bien llevado intercalándolo con la historia de Santa Engracia. Bravo por el narrador.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: