MARTÍN OLMOS MEDINA

Blanco y negro (y una gama de grises)

In Esto es Hollywood, La Cosa Nostra on 20 de febrero de 2013 at 22:00

El bailarín Sammy Davis Jr. tuvo que casarse por la vía rápida con una chica de color para que la mafia no le sacase el único ojo que le quedaba

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“Harry Cohn le ordenó a un matón que le dijera a Davis: “Oye negro, por el momento ya te falta un ojo. ¿Te apetece perder el otro?”
TRUMAN CAPOTE

Una buena razón para casarse es que tu suegro tenga una escopeta. Otra es la ampliación de fincas y otra una falta dentro del área y se conocen casos de matrimonios por amor. Monsieur Landrú hizo del matrimonio un oficio, Enrique VIII un deporte y Porfirio Rubirosa, del que decía Truman Capote que tenía un talento de treinta centímetros, un negocio rentable. Una boda es el preámbulo de la intimidad y a uno casi le entran ganas de arrimarse a alguien de la familia, del que por lo menos sabes a qué huele, pero decía Cervantes que los casamientos de parientes tienen mil inconvenientes. Sammy Davis Jr. se casó por primera vez porque no quería estrenar unos zapatos de cemento, que no son buenos para bailar. Dos gorilas de Mickey Cohen, el hombre fuerte de Frank Costello en Los Ángeles, le dijeron que si no se casaba en veinticuatro horas con una chica de su mismo color le sacarían un ojo con un punzón, un problema en absoluto insignificante teniendo en cuenta que a Sammy ya le faltaba el otro. Mickey Cohen era judío, medio ucraniano y fue un peso pluma mediocre en Cleveland, participó en la guerra de los embotelladores de Chicago durante la Ley Seca y se hizo un sitio en la familia Genovese abriéndose paso a codazos. En 1937 Meyer Lansky, el socio de Lucky Luciano y el arquitecto de la mafia moderna, le envió a California para vigilar a Bugsy Siegel, que tenía la bragueta igual de madrugadora que el cuchillo y acabó con una bala en el ojo por dilapidar el capital de la familia en la construcción del casino Flamingo de Las Vegas. Cohen se hizo con el control del negocio en la costa oeste y se infiltró en los estudios de cine dominando el sindicato de extras y prestando pasta en términos de usura pero nunca le abandonó su aire de matón de billar y desentonaba en los restaurantes de Hollywood por su propensión a abrir la cabeza de los comensales con la culata de su revólver.

El negro
Sammy Davis Jr. nació en Harlem en 1925 en una familia de comediantes de segunda: su madre era una bailarina puertorriqueña y su padre cantaba en la legua con su socio Will Mastin. Con cuatro años debutó en el escenario, aprendió a bailar claqué y a tocar el xilófono, la trompeta y la batería y aprendió a la fuerza que los negros entraban por la puerta de atrás. Cumplió el servicio militar obligatorio durante la Segunda Guerra Mundial en la base del Fuerte Francis E. Warren de Cheyenne, en Wyoming, y los soldados blancos le obligaron a hacer la instrucción en cueros, le rompieron la nariz a puñetazos y le hicieron beber pis en un botellín de cerveza. Cuando se licenció siguió en el cabaret  y la fortuna le miró a los ojos en 1951 cuando Humphrey Bogart y Clark Gable le vieron actuar en el club Ciro´s de Los Ángeles. Davis cultivó las amistades y Frank Sinatra le ascendió a miembro de su incipiente Banda de las Ratas (The Rat Pack). La vida le empezó a ir de maravilla pero en noviembre de 1954, después de cantar en el casino New Frontier de Las Vegas, se subió a su Cadillac, tomó la autopista de Los Ángeles y se estampó contra el Chrysler de un borracho. Atravesó con la cara el parabrisas y se dejó el ojo izquierdo por el camino. En el hospital de San Bernardino casi le amputaron las piernas y durante la convalecencia se convirtió al judaísmo.

La rubia
En los años cincuenta Marilyn Monroe puso de moda a las rubias de platino y la factoría de Hollywood se puso a producirlas en serie propiciando la cuadra de las curvas sinuosas de Jayne Mansfield y Mamie Van Doren. La potranca rubia de la Columbia fue Kim Novak, a la que le decían la Señorita Témpano porque había sido la imagen de una marca de neveras. Harry Cohn, el magnate de la Columbia, era, según Truman Capote, un “gorrino criminal” que se debatía entre querer beneficiarse a Novak y sacarle un rendimiento en taquilla, pero en la intimidad la llamaba la Gorda Polaca. Kim Novak no daba un chavo por su propio talento interpretativo y se hizo amiga de Sammy Davis Jr., que pensaba que no era más que la mascota chillona del Rat Pack de Sinatra. Se dejaron ver juntos copeando en los clubes y Cohn llegó a la conclusión de que su estrella se “estaba follando al cíclope”. Harry Cohn llamó a Mickey Cohen y le pidió que matase a Davis antes de que echase a perder la carrera de la actriz. Sinatra le aconsejó a su amigo que se apartase de la rubia y dos gorilas de Cohen le hicieron una visita al padre de Sammy Davis y le dijeron que estaban pensando seriamente en hacerle daño a su hijo. Davis acudió al mafioso Sam Giancana pero éste le dijo que podría defenderle en Nueva York o en Chicago pero que su ámbito de influencia no llegaba al territorio de Cohen. Un par de tíos con traje oscuro le metieron en un coche en enero de 1958 y le dijeron que lo mejor que podía hacer era casarse con una negra en menos de veinticuatro horas a no ser que quisiese perder el ojo que le quedaba. Sammy Davis echó mano de una chica del coro y se casó con ella a la mañana siguiente. Se llamaba Loray White, había hecho de figurante en “Los Diez Mandamientos” y sacó una dote de 25.000 dólares en efectivo y 10.000 en vestidos. Pasaron la luna de miel en el hotel Sands de Las Vegas, ella en la suite nupcial mirando la tele y él en el bar, contándole a Jack Daniel que la boda le había salido por un ojo de la cara.

EL RAT PACK

Un mes escaso después, Harry Cohn murió de un ataque al corazón, que parece ser que tenía. A Harry Cohn le acabaron llamando King Cohn y no hizo muchos amigos. Cuando le preguntaron al guionista Jerry Wald por qué había asistido a su funeral respondió: “Solo para asegurarme de que ese hijo de puta está muerto”. Mickey Cohen dejó tranquilo al negro. Sammy Davis siguió en la Banda de las Ratas, se divorció de Loray White y dos años después mezcló la nata y el chocolate y se casó con la actriz sueca May Britt, que había salido en “El baile de los malditos” con Marlon Brando. En 31 estados estaban prohibidos los matrimonios interraciales y los paletos de Alabama le llamaron chimpancé. Una vez que estaba jugando al golf le preguntaron que cuál era su handicap y Sammy contestó: “Soy un negro judío y tuerto, ¿te parece poco?”. Su mujer rubia le pescó en un lío con Lola Falana y se divorciaron y, años después, le invitó a merendar a la actriz porno Linda Lovelace, la protagonista de “Garganta Profunda”, la peli verde más taquillera de la historia, que fue producida por la mafia y contaba la historia de una chica que tenía el clítoris en el gaznate por causa de una mutación genética. Con el tiempo pasó de los pitillos de marihuana a los viajes de ácido y se hizo seguidor de Anton LaVey, el Papa Oscuro de la Iglesia de Satán, y murió en 1990 de un cáncer de garganta. A la mañana siguiente Las Vegas le hizo un homenaje apagando durante diez minutos los neones del Strip. Una vez dijo: “Ser una estrella me ha dado la oportunidad de que me insulten en sitios donde los negros corrientes ni siquiera sueñan con ser insultados”.

MARTÍN OLMOS

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