MARTÍN OLMOS MEDINA

Lobos, zorras y tinajas

In El cañí on 11 de mayo de 2013 at 0:03

El semanario “El Caso” consideró el crimen de la tinaja entre los siete enigmas más destacados de los que recogió en sus páginas

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“En el agua hay solo peces;
y, para que más te corras,
en vino hay lobos y zorras
y aves, como yo, a las veces.
Dijo a la rana el mosquito
desde una tinaja:
mejor es morir en el vino
que vivir en el agua”.
FRANCISCO DE QUEVEDO

Los lunes ingratos sueñan los oficinistas con una de catorce y las putas con un señor que las retire del neón y les ponga un piso con lavadora, calendario de la caja de ahorros encima de la nevera y criada con cofia que les diga señora. Sueñan las putas tardes burguesas de telenovelas y maridos en la oficina que no gasten tacón cubano ni mano larga ni diente de oro y sueñen con quinielas y balandros. Natividad Romero Rodríguez, que era puta y de Jaén, soñaba, en cambio, porvenires de dólares gringos, soldados negros y cuerpos de niñas sin menstruar que le atenuasen los amaneceres fríos que suceden a las noches de luna lunera y mientras soñaba, vivía una farsa de rubia americana que no se la creía ni ella. Natividad Romero Rodríguez nació en Siles el 15 de julio de 1941 y cuando la vida no respondió a sus expectativas grandilocuentes se tiró desde un cuarto piso y pasó la convalecencia internada en el psiquiátrico de Los Prados. De moza se fue a hacer los madriles y ejerció el oficio antiguo en las whiskerías aledañas a la base de Torrejón toreando con los negrazos de Alabama, se puso de nombre Tania y se casó con un cabo primero de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que más tarde desapareció en Vietnam. Natividad Romero pasó a ser la viuda de Leonard Payne y recibió los cheques gringos con la paga del soldado pero siguió frecuentando a los quintos morenos que siempre se llamaban Joe. Sin embargo prefería despertarse al lado de chicas sin madurar y la metieron ocho meses en la cárcel de Ventas por drogar a una menor para abusarla. Cumplió un trullo bravío de peleas y cuando salió se puso de rubia de Nebraska, se dio a la cleptomanía y compartió un piso en la calle de Ardemans con Lucía López, la novia de un sereno, a la que robó un colgante de oro. Tenía delirios de grandeza, manejaba documentación falsa para pasar por americana, cambiaba de aspecto tres veces por semana, estafó a un taxista, se pescó curdas de whisky que acabaron en bronca y le zurraron una paliza en el parque del Retiro que tuvo la pinta de ir por cuenta de la chulería. Escribió Quevedo que le dijo un mosquito a una rana desde una tinaja: “Mejor es morir en el vino que vivir en el agua”. Vivió Natividad Romero en el vino y en su pantomima de rubia gringa en donde había una morena de Siles de Jaén que era medio retrasada mental y fina para fregar, por lo que en vez de hacerse escaleras se hizo negros de Torrejón pensando que Alcalá era Jolibud y acabó estrangulada en una tinaja vieja en el antiguo olivar de la Hinojosa, en Hortaleza, el 13 de agosto de 1969. Le dijo el mosquito a la rana desde una tinaja que prefería morir en el vino que vivir en el agua porque “en el agua hay solo peces y en el vino hay lobos y zorras”.

La muerta de la tinaja
A la vieja casa de labor de la Hinojosa, que se levantaba en la carretera de la Hortaleza, en el medio del que llamaban el Olivar del Ladrón porque lo parceló un antiguo tesorero de Felipe V que le hacía al rey las cuentas con llevadas, iban las parejas al furtivo y los pastores a hacer la lumbre. Allí encontraron a Natividad dentro de una tinaja, con el cuello roto, la ropa arrinconada alrededor de la cabeza y las uñas pintadas de plata metalizada. El forense concluyó que la había estrangulado un hombre diestro lo suficientemente fuerte como para ahogarla con la mano buena y sujetarla en el suelo con la otra. La policía la identificó primero como Kerry Payne, nacida en Venecia y con pasaporte americano, pero después determinó que era Natividad Romero, notoria camorrista, borrachuza, menorera y furcia de los jenízaros mandingas de la base de Torrejón. Sus padres llegaron desde Siles y reconocieron el cadáver por una cicatriz en el brazo. El padre se llamaba Valentín y aún tenía la ilusión de que su hija era doncella y la madre se llamaba Eusebia y dijo que quien mal anda mal acaba. La enterraron en el cementerio de la Almudena el 18 de agosto de 1969 y se dio el crimen por industria de rufianas y de chulos.

Año y medio después hubo riña de chairas en un bodegón de la calle Barbieri en la que le mojaron de muerte al chulo Pepe el Guapo, germano de putas del barrio de Lavapiés. La pasma trincó a los de rigor, entre los que estaba Gregorio Ávila Sotoca, que le decían el Goyo, y era rufián de rameras, peleador de navaja y conocido maltratador de lumias. En el tercer grado, el inspector Manuel Lista le dio las de rutina y el Goyo aflojó y confesó, para que no le estropeasen  el perfil, que él era el asesino de la chica de la tinaja. Dijo que la había conocido en el club Yulia, que alternaron copas y que en la casa de la Hinojosa riñeron y la mató. El Goyo era un hombre violento y unos meses antes había tirado por la ventana a Lola Montero Rodríguez, que hacía para él el farol. La fiscalía pidió veinte años pero el Goyo se desdijo en el tribunal y declaró que había hecho la confesión para que no le siguiesen zurrando. El juez determinó que era inocente pero le endosó un lustro por proxenetismo. El Crimen de la Tinaja tuvo los mimbres que consolidan la afición y fue blasonado en los semanarios. Fue suceso misterioso y canalla con pendanga rubia de tinte que se hacía la gringa y estaba medio loca, con negrotes del séptimo de caballería, viudas del Vietnam, clubes ingratos y macarrerío violento. Con lobos, zorras y tinajas. El semanario “El Caso” le sospechó la muerta al infame Arropiero, asesino itinerante, pero nunca se supo quién estranguló a Natividad Romero y el popular lo comentó con desahogo en las barberías y le sacó la conclusión de que el culpable fue un soldado negro de la base de Torrejón, un duro masai de la USAF con manos de una hectárea, pero que la policía del Régimen no hizo mucho por capturarlo para no estropear las negociaciones para renovar los acuerdos por los que España arrendaba a los Estados Unidos el uso de las bases militares a cambio de ayuda económica. Un año después, Richard Nixon cenó con Franco en el Palacio de Oriente. A Nixon le llamaron Dick el Mentiroso y es de suponer que un negro arriba o un negro abajo le daba más bien igual porque los estaba enterrando a quintales en la selva de Vietnam. Al final parece que tampoco importó la zorra, fuera de las hablillas del lavadero, y el lobo siguió aullando a la luna.

MARTÍN OLMOS

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