MARTÍN OLMOS MEDINA

Carnaval americano

In Matones y camorristas on 20 de octubre de 2013 at 21:48

La paliza que le dieron cuatro polis a Rodney King provocó la peor revuelta racial de la historia de Los Ángeles

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“Rodney King era un caníbal curtido en el Congo”
JAMES ELLROY

Pusieron en la tele a los pasmas dándole lo suyo al negrata. Los Ángeles es la ciudad con más horas de televisión diaria per cápita. Andy Warhol dijo: “La inspiración es la televisión”. Dijo: “Me encanta Los Ángeles, todo el mundo es de plástico”. Andy Warhol era de plástico. Dijo: “Todo el mundo debería tener derecho a quince minutos de gloria”. El negrata Rodney King tuvo ochenta segundos de gloria.

Rodney King: un zulú de la selva, un zángano borrachuzo en libertad condicional. Su madre Odessa predicaba a Jehová. A su padre Ronald le mató la botella. Rodney heredó la dipsomanía de papá. Rodney se dormía en el pupitre. Rodney mangaba  pelucos. Pasaba de Jehová. Se casó dos veces, se divorció dos veces, tuvo tres hijas a las que les dio mal ejemplo. Era un negro con el futuro negro. Con veinticuatro años asaltó la tienda de un coreano en Monterey Park. Le zumbó una paliza con un bate metálico. Le mangó doscientos pavos. Le trincaron y le enchironaron. Le soltaron al año en libertad vigilada. Rodney King: un mandingo más en el barrio de Watts. Estaba a punto de ser una estrella. Noche del 3 de marzo de 1991: Rodney King se enganchó una curda viendo fútbol por la tele. Luego se subió a su coche y entró en la Interestatal 210, la autopista de Foothill, en el Valle de San Fernando. Le pesaba la pierna derecha. Puso el Hyundai a ciento cincuenta. Era una bala. Iba trompa y de fenciclidina, que le dicen PCP,  que le dicen el  Polvo del Ángel, que es un anestésico disociativo. Su percepción del conjunto se hizo añicos independientes. Cada añico iba a su rollo. El centro neurálgico de Los Ángeles es la autopista. Jean-Paul Sartre dijo que Los Ángeles es como un gusano al que le puedes cortar un trozo sin que esto suponga una mutilación del cuerpo orgánico de la ciudad. A las 12,30 los oficiales Tim y Melanie Singer interceptaron a Rodney King conduciendo como un orate. Dieron el aviso y le persiguieron. El negrata no aflojó. Le pesaba la pierna derecha. Puso el buga a ciento ochenta. Puso en común sus añicos para conjugar sus posibilidades: era un masai del Watts,  no quería volver al talego, estaba en libertad RODNEY KINGcondicional, vapuleó a un limón por doscientos pavos, tenía antecedentes por conducir trompa. Se le bajó el vacilón.  Se saltó los semáforos. Se metió en calles residenciales. Al mandinga le persiguieron los negreros. Se le pegó al culo un desfile de coches de la bofia y le sobrevoló un helicóptero. Parecía el Espíritu Santo. Rodney King pasaba de Jehová. No vio la metáfora. Le trincaron en la esquina del boulevard Foothill con la calle Osborne. Se le acercaron cinco polis. Eran rostros pálidos. Eran bwanas blancos.  Rodney King se resistió al arresto. Los polis dijeron que les intentó arrebatar una cacharra. Los polis le tiraron al suelo y le esposaron usando la técnica del enjambre, que es echarse en montón sobre el cuerpo rompiéndole las costillas. Luego le administraron ochenta segundos de repaso y le rompieron el pómulo, la mandíbula y la pierna derecha. Le zurraron cincuenta y cinco porrazos. Le dijeron: “Vamos a matarte, negro”. Le redujeron a escoria negra y roja.

George Holliday: un blanco nacido en Argentina que tenía el sueño ligero. Tenía un balcón. Tenía una cámara de vídeo. Tenía una empresa de fontanería. Compró la cámara para vigilar que sus plomeros no se tocaran la balota en horas de tajo. Su balcón daba al boulevard Foothill con Osborne. Le despertaron las sirenas. Grabó la paliza al negrata. Ochenta segundos de cinéma verité. A la mañana siguiente fue a la Central de Policía de Los Ángeles, les enseñó la cinta y pidió explicaciones. Los pasmas le mandaron a paseo. Vendió la película a la cadena de televisión KTLA por quinientos pavos. Los directivos de la KTLA pensaron que les había caído el gordo.

5 de marzo de 1991: América desayunó chococopos de avena y la paliza a Kunta Kinte.

Latasha Harlins y Soon Ja Du: chocolate y limón. Latasha Harlins tenía quince años, como mi amor, era negra, era del guetto, era dura. Latasha mangaba menudencias. Soon Ja Du, coreana de cincuenta años, pensaba que el Sueño Americano era atender su tienda veinticuatro horas al día. Estaba harta de que le mangasen los chicles.  16 de marzo de 1991: Latasha Harlins le birló a la china una botella de zumo de naranja. Soon Ja Du la enganchó de la sudadera. Latasha le zumbó cuatro puñetazos en la jeta. Soon Ja Du le tiró un taburete. Falló. Cogió un revólver del mostrador y disparó. No falló. Le acertó en la nuca y la mató en el acto. La soltaron en libertad condicional por atenuante de defensa propia.

Los negros maceraron su odio durante un año. Lo cocinaron a fuego lento, como en los tebeos cocían al misionero. En Los Ángeles se hablan ciento cuatro idiomas. Es un anuncio de Benetton a punto de explotar. El Watts zulú proporciona un tercio de los asesinatos de la ciudad. Los coreanos habían copado las tiendas de ultramarinos. Los cholos trabajaban en el doméstico porque eran más baratos. Los negros pasaban crack. Los blancos no supieron interpretar los tambores de la selva. Los negros guisaron un caldo con el rencor.

Interludio cómico. 1 de abril de 1991: una menda acusó a Ronald Reagan de haberla violado. Vendrán mejores tiempos con la pistola de Bill Clinton.

Rebelión en Babel
Un año después. 29 de abril de 1992: un jurado de blancos absolvió a los polis Theodore Briseno, Lawrence Powell, Timothy Wind y Stacy Koon por la paliza a Rodney King. El alcalde de Los Ángeles Tom Bradley era negro y dijo: “El veredicto nunca nos hará cerrar los ojos ante lo que vimos en aquella cinta de vídeo”. El presidente George Bush padre dijo: “El sistema del jurado ha funcionado. Ahora hace falta calma y respeto por la ley”. Babel estalló. Salió la horda watusi por Rodney y por Latasha. Los coreanos se atrincheraron en sus tiendas de licores. Los coreanos se llevaron la peor parte. Algunas tiendas amanecieron con la pintada “Propietario Negro”. Las demás fueron saqueadas. Las partidas de caza se llevaron las teles y las zapatillas Nike. Los helicópteros de la poli filmaron a los negros zurrándole una paliza a Reginald Denny, un camionero blanco y rubio. Le sacaron de la cabina y le patearon. Le rompieron un ladrillo en la cabeza. Un hechicero vestido de hip hop bailaba alrededor. Al guatemalteco Fidel López le abrieron la crisma con una radio de coche, le mangaron dos mil dólares, le intentaron cortar una oreja y le pintaron los huevos de negro con un spray. Todo salió por la tele con sus intermedios comerciales. Los Ángeles Lakers suspendieron el partido contra los Portland Blazers. Los disturbios duraron seis días y dejaron un inventario de: sesenta personas muertas, cien edificios destruidos, dos mil heridos, tres mil incendios, una llamada a los bomberos por minuto, el barrio coreano demolido y un millar de tiendas saqueadas. 500 millones de dólares de pérdidas. Se acusó a las autoridades de aislar el Watts y Los Ángeles Sur y dejar a las tribus a su albur. Cortaron un trozo del gusano de Sartre. La política de los manicomios victorianos: agrupar en una celda a los locos peligrosos para que se maten y acabar con el que queda en pie. Los Creeps, la banda negra más numerosa de la ciudad, aprovechó el río revuelto para zanjar las cuentas. Se declaró el estado de emergencia. Soltaron a los marines. Rodney King salió por la tele después de desayunar una tortilla de benzodiazepinas. Dijo: “¿No podríamos llevarnos bien?”. La frase apareció en la portada de Time. Rodney King apaciguó a la selva. Era el Mesías. Meses después le trincaron en faena con un travesti.

1993: expiación. Revisaron el caso de Rodney King y le indemnizaron con tres millones de dólares. Sus abogados se llevaron la mitad. Les demandó. Perdió. Metieron a dos pasmas en el trullo. Rodney el Mártir se gastó el resto en promocionar grupos de rap. Se arruinó. Volvió a la selva: le detuvieron por zurrar a su novia y por conducir chutado. Tiró por el sumidero su simbología. El Mesías era un curdas. No dio la talla de Rosa Parks. 17 de junio de 2002: Rodney el Curdas se tiró a una piscina en el Rialto puesto de una mezcla de PCP, marihuana y priva que le provocó una arritmia cardiaca y se ahogó sin completar su redención.

MARTÍN OLMOS

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