MARTÍN OLMOS MEDINA

La Magnani que no pudo ser

In El cañí on 15 de diciembre de 2013 at 21:03

Neus Soldevila pudo ser un personaje de dramón italiano y se quedó en secundaria de sobremesa

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“Juan Vila había dicho a su esposa que después de comer quería follar”
JOSÉ MARTÍ GÓMEZ.

Neus la Dulce, con su apodo de pilingui de whiskería de carretera general, no fue capaz de sostener el personaje, qué pena, con lo bien que le hubiese quedado. Neus Soldevila intentó un autorretrato de esposa mártir y madre corajuda pero se le acabaron viendo las costuras y los queridos y se le acabaron viendo dos dedos de raíz negra debajo del rubio de bote y aquel ojo que tenía medio cabrón, el derecho, artero y berrueco, como de lumi que te echa el beleño en el gin-fizz para que amanezcas pelao. Neus, la Dulce Neus, siempre gastó gabardina de mujer con trastienda y se echó a los bolos de provincias cuando podía haber hecho una Anna Magnani de teleculebra sudaca, qué pena, qué pena.

A la Dulce Neus le sobraba el legítimo, que no era ni azul ni príncipe y era un tío flaco y pegón. Juan Vila Carbonell era catalán de Vic, de la añada del 34, rígido de brazo y militante de Fuerza Nueva, suertudo en el negocio, emprendedor, esquinao, medio ágrafo y jodedor capaz de simiente solvente que le hizo seis hijos a su mujer Neus Soldevila Bartrina, natural de Torelló, a la que le llevaba una ventaja de diez años y con la que casó en septiembre de 1962. Juan Vila Carbonell la diñó en calzoncillos de un tiro en la nuca después de consolarse un alivio frugal. No fue mala muerte, si te pones a pensarlo: Juan Vila almorzó dos platos, postre y café, le meneó un casquete a la parienta y se echó a dormir una siesta de señor, al fresquito y suelto de huevos, desahogados dentro de sus elásticos de Abanderado, y ni se enteró de que le volaron la cabeza. Peor es que te fusilen, que lo ves venir y te sale en las tripas una murria que no te deja estar. Juan Vila era magro de árbol y tenía cara de vinagre, no rindió el bachillerato y pensaba que ni falta que le hizo, abrió un restaurante y después medró en la construcción y juntó una fortuna de trescientos millones de pesetas. Juan Vila tenía amigos de la Falange y una pistola Star modelo 1922 del nueve corto sin legalizar, tenía el puño cerrado a la hora de rumbosear y la mano larga en el doméstico, en donde era partidario de dar la educación con una correa, de mandar a los niños a la cama sin cenar y de calentarle a la parienta para que no se le olvidase el escalafón. Juan Vila tragaba una mezcla de whisky y tranquilizantes y pensaba, como todos, que era la medida del universo. Mirándose a sí mismo comprendió que sus hijos lo que tenían que hacer era madrugar y ponerse al tajo, ducharse con agua fría y aprender menos latín. Juan Vila era desabrido como el invierno frío, brutal y zurrador, y aunque no lo sabía, era un poquito cabrón.

Neus, la Dulce Neus, gastó por lo menos tres queridos. Neus, la Dulce Neus, iba tiesa por la plaza pero en casa arrugaba para no recibir. Pasaba por bella a primera vista pero a la segunda enseñaba el tinte, la boca apenas dibujada y fría y el ojito cabrón. La Dulce Neus tenía que estirar las pesetas que le daba el marido con cuentagotas para el pan y la leche y al final se las fundía en caprichos de El Corte Inglés. Se puso a vender cosméticos por las NEUS SOLDEVILApuertas e inició negocios inmobiliarios que le rentaron un cañón de quince millones con los prestamistas. Se metió en el atolladero. Reunió a sus hijos en el bar El Cisne de Montmeló y les dijo: el problema es papá. 1981 fue el Año de la Colza, en el que se vendió aceite de batería para freír huevos y empezaron a diñarla los pobres. En 1981 Juan Vila sacó a su hija Nieves de la facultad de Empresariales conforme a su convicción de que se prosperaba hincándola y puso a sus hijos a doblar la espina en sus fincas en jornadas extenuantes. A uno que flaqueó le encerró en una casa de aperos y le metió una tunda con la hebilla del cinturón. Neus y su camada pactaron el concilio de apiolar a papá y le pusieron cerillas machacadas en el café, pero Juan Vila no murió. Compraron éter en una droguería de Granollers y pensaron en dormirle y matarle a palos y pensaron en manipularle los frenos del coche para que se estampase en una zanja.

Crimen en familia
El 28 de junio de 1981 salió canícula de tostar y después de comer Juan Vila demandó el uso de su legítima en un polvo sin boleros. La Dulce Neus le concedió el alivio y Juan Vila, bien comido, bien bebido y consolao, se quedó frito en gayumbos. La Dulce Neus se levantó y mandó a las dos hijas pequeñas a pasear con la sirvienta Inés Carazo, cogió la pistola Star del nueve y se la dio a su hija Marisol, de catorce años, para que llevara a cabo el oficio. Marisol le pegó un tiro a papá en la nuca a una distancia de veinticinco centímetros y Juan Vila la entregó sin darse cuenta, soñando lo que quiera que sueñen los hombres cafres. Neus llamó a la Guardia Civil de Binéfar y les dijo que unos encapuchados del GRAPO habían disparado a su marido. Fuerza Nueva montó una mesa de urgencia para investigar si el crimen había sido cosa del rojerío. La poli arrugó la napia y le siguió la pista a un seguro de vida. Neus se compró un descapotable y se mudó a un apartamento doble que adornó con ocho palmeras y una yuca y le regaló a su hija Nieves un Ford Fiesta y a los mayores una Derbi C-4 y una Vespa. La poli desconfió de su ojo chungo. Presionó a la criada Inés Carazo y la mujer cantó el parricidio y salió con una multa de veinte mil duros por encubrimiento. A Neus Soldevila la condenaron a veintiocho años de trullo por inducción al asesinato con alevosía y a sus hijos mayores les metieron la docena por complicidad. La niña Marisol se libró por menor. La prensa le puso a Neus la Dulce porque hablaba suavito y la mujer ensayó su papelón de Magnani desgarrada pero se puso en manos de una colección de abogados de disparate. La defendieron Emilio Rodríguez Menéndez y el Lute y entre todos y sin querer echaron abajo el trampantojo. Cuatro años después Neus salió en régimen abierto, se procuró un pasaporte ful, cobró tres entrevistas en Portugal y se fugó al Ecuador, donde le pegaron una cuchillada por traficar con esmeraldas falsas. La detuvieron en Quito y la extraditaron a España a donde llegó como una estrella del chungo a la que no se creía nadie.

Neus, la Dulce Neus, rindió condena y se puso en la farándula, se casó otra vez de blanco y con pamela y su boda salió en el “Hola”, enseñó las tetas en el Interviú, en el número 544, y su hija Dolores fue a “La Máquina de la Verdad” de Julián Lago. Dolores también salió en cueros en el Interviú, en el número 690, y dijo que su padre, al final, no era tan cabrón. Neus dejó de hablarse con los hijos y se quedó sin blanca, enviudó por lo natural en 2005 y demandó a los productores de la película “Crimen en Familia” (Santiago San Miguel, 1985), basada en su caso y en la que le puso cara Charo López, que solo por eso no debería quejarse. Escribió tres libros que vendió en los restaurantes por 900 pesetas, como quien vende mecheros. Uno era de poemas que decían:  “Esta pena que yo tengo/ la tengo porque yo quiero/ me la perfuman la luna/ y el romero”. Los cobraba en negro porque tenía deudas con el ayuntamiento de Granollers.

MARTÍN OLMOS

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