MARTÍN OLMOS MEDINA

Cicatrices (scars)

In La Cosa Nostra, Matones y camorristas on 4 de enero de 2014 at 13:10

A Al Capone le alteraron el perfil de tres cuchilladas cuando trabajaba tumbando borrachos

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“Le cruzan el rostro, de estigmas violentos, hondas cicatrices…”
 EVARISTO CARRIEGO

El escenario es una tambarria del dos con una barra de seis metros sobre la que se acodan los valentones. La parroquia es patulea italiana requetepeinada para la ocasión, porque es noche de baile. Los bebedores llevan planchado el pelo con aceite de oliva y navajas en los calcetines. La época es 1917, cuando se pelean los hombres por motivos que quizás no son tan diferentes en las trincheras de Europa y en los pasadizos del Bowery de Nueva York. La tambarria se llama Harvard Inn y está en el paseo marítimo de Coney Island, que aún es huérfana de noria. Coney Island tiene un pasado de balneario pero ahora está llena de putas y de fulleros. Los italianos han echado a perder Coney Island con sus garitos que hieden a ajo. El primer italiano llegó a Nueva York en 1635, se llamaba Pietro Cesare Alberti y se dedicó al cultivo del tabaco. El último recién está llegando de huirle al hambre de Nápoles, con piojos y los bolsillos vacíos y una esperanza de porvenir honrado que se torcerá cuando encuentre el cabo de una tubería y un callejón. El Harvard Inn es un changarro del tres al cuarto que a duras penas le hace la competencia al College Inn. El College Inn reúne más parroquia que va a escuchar al pianista Jimmy Durante y a ver bailar el charlestón a George Raft. Con el tiempo George Raft va a ir a Hollywood a trabajar en las películas. Con el tiempo va a salir en una que se va a titular “Scarface”. Con el tiempo va a ser una estrella. A George Raft le gustan los hampones. Una vez le guardó a Dutch Schultz una cacharra. Una vez fue amigo de Owney Madden el Asesino, el príncipe del gang de los Gophers de Hell´s Kitchen. Una vez le detuvo la bofia en Broadway, en una coima de dados de Arnold Rothstein el Barajador. Con el tiempo van a matar a tiros a Dutch Schultz en el retrete del restaurante Chophouse Palace. Con el tiempo Owney Madden el Asesino va a regentar el Cotton Club. Con el tiempo Arnold Rothstein el Barajador va a amañar los partidos de la Serie Mundial de béisbol y le van a pegar un balazo en la barriga en la habitación 349 del Hotel Central Park. Y antes de que todo eso ocurra la patulea italiana se acoda en la barra de seis metros del Harvard Inn, en Coney Island, en una noche de baile de 1917. La patulea italiana lleva el pelo planchado con aceite de oliva y navajas en los calcetines.

Navajazos
El Harvard Inn es propiedad de Frankie Yale, que en realidad se llama Francesco Ioele y es un calabrés de Longobucco. Frankie Yale es uno de los espaguetis que están arruinando Coney Island, que aún es huérfana de noria. Con el tiempo a Frankie Yale le van a dejar hecho un cedazo a tiros de metralleta Thompson en la calle 44. En el Harvard Inn trabaja Alphonse Capone de gorila y de mesero y sus obligaciones son las siguientes, por este orden: primero, zurrar a las putas para que renten; segundo, fregar los platos; tercero, echar a palos a los bolingas. Alphonse Capone es un peleador musculoso que con el tiempo se va a poner mostrenco. Ha estado en el gang de los Five Points y se ha abierto paso cobrando quince dólares por cortar una oreja y veinticinco por dar una mojada de puñal. Alphonse Capone saca conclusiones extraordinarias con notable clarividencia y una de ellas es que no puede echarse del Harvard Inn a sí mismo. Semejante suposición hace que se tome un trago en el trabajo. Alphonse Capone se hace llamar a veces Al Brown. Quizás ya tenga sífilis. Quizás ya intuye que con el tiempo va a ser un emperador. Hoy apenas es nadie y está trompa y puede que tenga sífilis y ve entrar en el Harvard Inn a Frank Galluccio y a una beldad morena con ojos de carbón. La beldad morena con los ojos de carbón es la hermana de Frank Galluccio y su nombre no va a ser recordado. Frank Galluccio maneja industrias misteriosas y tiene un amigo que se llama Albert Altierri que orbita alrededor de Salvatore Lucania, que con el tiempo le van a decir Luciano el Suertudo. Luciano el Suertudo ha estudiado con Alphonse Capone en la escuela pública de la calle Adams, en Brooklyn. Han peleado juntos en las guerras de los Five Points. Alphonse Capone interpreta que la beldad morena con ojos de carbón le mira y la va a requebrar. Lo hace sin gusto, como un patán, le pondera el culo y la ofende. Frank Galluccio se levanta y le zumba un puñetazo y Alphonse Capone lo coge con la jeta. La parroquia levanta porque hay bulla. El matón de la tambarria del Harvard Inn se dispone a pelear. Frank Galluccio saca una navaja de diez centímetros de hoja y le taja tres veces el rostro. Queda el piso regado de sangre. Queda el tablaje desierto de almas. Queda la mejilla izquierda de Alphonse Capone señalada con tres heridas que son: una de diez centímetros que recorre desde la oreja hasta la mandíbula; otra de cinco que le surca la quijada; otra, la más pequeña, debajo de la oreja. Con el tiempo le van a decir a Alphonse Capone el “Scarface”, el Cara Cortada y va a ser un blasón que le avergüenza. Va a decir, con el tiempo, que son heridas que se hizo en la Primera Guerra Mundial, en la que no compareció. Con el tiempo se va a poner pomadas de color carne en las muescas para atenuarlas y va a procurar posar desde la derecha para que no se las retraten. CAPONE

El escenario vuelve a ser la tambarria del Harvard Inn y la época la misma, pero han pasado unos días desde la riña. Se ha echado la persiana y se ha ido la parroquia. Alphonse Capone ha estado exigiendo satisfacción. Frank Galluccio ha hablado con Albert Altierri y Albert Altierri ha hablado con Salvatore Lucania y Salvatore Lucania ha hablado con Frankie Yale y Frankie Yale ha hablado con Alphonse Capone. En la barra de seis metros del Harvard Inn no se acodan los bebedores y en una mesa se dirime el pleito entre paisanos sin que intermedie la ley de los protestantes. Lucania le pide a Capone que repare la ofensa soez a la hermana de Galluccio y le ordena que no desquite represalia prometiéndole, de lo contrario, la muerte. Capone barbecha la navaja para mejor ocasión, aunque es un hombre de rencores duraderos. A partir de hoy le va a recordar el espejo la esgrima feroz de Galluccio. Con el tiempo el espejo  va a olvidar recordarle que es mortal.

Alphonse Capone no sabe aún que se va a ir a Chicago y va a gobernar la ciudad como un zar. Ni sabe que va a iniciar una guerra a muerte con los irlandeses del North Side y que se va a sacar fotos con Jack Dempsey y con Xavier Cugat y con Gabby Hartnett, receptor de los Chicago Cubs, y con el aviador Francesco De Pinedo, el as de Mussolini. Con el tiempo le va a hacer una película Howard Hughes, piloto, millonario y priápico, que se va a llamar “Scarface” y en ella va a salir Paul Muni y George Raft, el bailarín del College Inn de Coney Island. Con el tiempo van a plantar una noria en Coney Island. Con el tiempo George Raft va a perder sus oportunidades y va a acabar dirigiendo el Club Colony en Londres y el gobierno británico le va a expulsar del país por asociarse con miserables. Con el tiempo Howard Hughes se va a volver loco y se va a dejar de cortar las uñas. Y con el tiempo a Alphonse Capone le van a meter en la roca de Alcatraz los contables y va a acabar tirándose excrementos con otro preso porque la sífilis le ha enloquecido y se va a morir completamente idiota. Hoy, en cambio, Capone se toca los tajos y barbecha la navaja para mejor ocasión y acaso intuye que va a ser el gángster más famoso del mundo.

MARTÍN OLMOS

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