MARTÍN OLMOS MEDINA

Verdades, parábolas y el tinglado de la antigua farsa

In Los chicos de la prensa on 13 de enero de 2014 at 18:20

Janet Cooke, la promesa del Washington Post, tuvo que devolver el Premio Pulitzer cuando se descubrió que se había inventado el reportaje

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

 “Lo malo es que en periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos”
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Un redactor jefe del Chicago Tribune le dijo a un reportero: Si tu madre te dice que te quiere, verifícalo. Tom Wolfe ha dicho que leer periódicos de papel ya no es cool. Ahora cualquier menda con un móvil con cámara, un pulso decente y una noche de suerte graba a dos chavales zurrándose una tunda a la salida de un after, lo cuelga en el internés y se cree que es Leguineche. Luego lo miran un millón de tíos y se convierte en trending nosequé, que es la pera, lo que se puede ver en cualquier fiesta de la vendimia de un pueblo de campestres cuando a los mozos se les calienta la pitarra al final de la verbena. Henry Fielding dijo que un periódico siempre tiene el mismo número de palabras, haya noticias o no. Siempre hay un par de agropecuarios trompa que discuten por una vaca y se abren la cabeza a palos después del zurracapote. Una vaca es una vaca. Enrique Meneses dijo que el periodismo es ir, escuchar, ver, volver y contarlo. Si uno no va, no escucha y no ve, no tiene que volver y sin embargo puede contarlo si es capaz de manejarse con la gramática. El Nuevo Periodismo se lo inventó Stephen Crane en 1893 cuando escribió “Maggie: Una chica de la calle” y pescó la tuberculosis visitando los infames “flophouses”, los dormideros de quince céntimos para los que no tenían dónde caerse muertos. El periodismo ápodo se lo inventaron los columnistas para no tener que salir de casa en los días de lluvia, con la que está cayendo. Voltaire dijo que los periodistas son los últimos de los escritores inútiles, la canalla que critica con insolencia lo que no entiende. Mark Twain dijo que desembarcó en el periodismo cuando fracasó en todos los demás oficios. García Márquez ha dicho que el periodismo es el mejor oficio del mundo.

Ben Bradlee tuvo una corazonada y les dio una oportunidad a los mocosos Woodward y Bernstein y el gobierno de Nixon se fue al diablo. Ben Bradlee ha dicho que el fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla. Ben Bradlee tuvo otra corazonada a finales de los setenta y contrató de reportera del Washington Post a Janet Cooke, una chica negra, guapa y nerviosa que había estudiado un año en la Sorbona, se había graduado con sobresaliente cum laude en Vassar y hablaba cuatro idiomas. Janet Cooke escribía bien y con ella Bradlee podía ocupar tres sillas con un mismo culo, porque el Washington Post andaba rezagado en el porcentaje de mujeres y minorías raciales en la redacción en los tiempos de los Colores Unidos de Benetton. En ocho meses Janet Cooke firmó cincuenta artículos. En 1980 llovía sobre Washington el polvo de la región de la Media Luna Dorada, formada por Irán, Pakistán y Afganistán, el opio talibán para los descreídos más barato que la harina de los narcocholos. En 1980 Janet Cooke le dijo a su editor que había oído decir de un chaval de ocho años que estaba enganchado a la heroína. Hay infancias que no salen en el canal Disney. A Andrea Sin Apellidos la violaron en un portal, se quedó preñada  y su vida se puso difícil. Mangó en menudo y al tirón y se enganchó. Dijo que la droga le daba sus únicos momentos de paz. Marie Ebner-Eschenbach dijo: “Solamente puedes tener paz si tú la proporcionas”. Andrea Sin Apellidos parió a Jimmy. Elvis cantó: “Mientras cae la nieve un pobre niño nace en el gueto”. Andrea se buscó la vida. Un tío que se llamaba Ron vino del sur y la cameló. Elvis cantó: “Y su mamá llora porque si hay una cosa que no necesita es otra boca hambrienta que alimentar en el gueto”. Ron era un vivo. Andrea pensó que a Jimmy le vendría bien tener a un maromo cerca. Ron cocía el polvo de los talibanes en la cocina y recibía al personal a la hora del desayuno de los campeones. Pinchó por primera vez a Jimmy cuando tenía cinco años. A los ocho le dijo: esto vas a tener que aprender a hacerlo por tu cuenta. Jimmy era un chaval despierto con el pelo de color arena, los ojos castaños y la cara redonda. A Jimmy le gustaban las zapatillas de marca, las camisetas Izod y los Orioles de Baltimore. De mayor quería ser camello en Condon Terrace para comprarse un pastor alemán, una bici y un balón de basket.

La parábola
“El mundo de Jimmy”, de Janet Cooke, salió en la primera página del Washington Post el 28 de septiembre de 1980 y hubo gente que, snif, lloró. Ben Bradlee presentó el reportaje al Premio Pulitzer y Janet Cooke lo ganó. La chavala guapa y políglota bajó a la cloaca en tacones de fiesta y regresó con el gordo sin necesidad de pescarse una JANET COOKEtuberculosis. Los acontecimientos se precipitaron en una vorágine. Llegaron cartas al periódico informando de casos similares al de Jimmy. Los pasmas de Washington buscaron al chaval para entregarlo a la asistencia social. No había fotos de Jimmy, solo una ilustración de Michael Gnatek en la que salía un puño haciéndole un torniquete al brazo de un crío negro. Janet Cooke no reveló su fuente y dijo que había recibido amenazas de muerte de los camellos. El alcalde de Washington Marion Barry arrugó la nariz. El jefe de la poli Burtell Jefferson no encontró al niño drogota y amenazó al Post con exigir legalmente la identificación de las fuentes. Bradlee se amparó en la Primera Enmienda y en los pelos de su nuca se podía colgar un jamón. Encerró a Janet Cooke en una sala y la asó a preguntas durante diez horas. Janet Cooke no sabía cuatro idiomas ni había estado en Vassar y Jimmy, Andrea, Ron y su clientela de yonquis eran tan reales como el Espíritu Santo. Tuvo que devolver el Pulitzer y el editor ejecutivo del Post Donald Graham pidió perdón a los lectores del periódico. Según se mire Janet Cooke escribió una sarta de embustes o una parábola, porque existen los niños enganchados y las mujeres sin esperanza y los tíos vivos como Ron, que vienen del sur. Según se mire el Nuevo Testamento es periodismo con línea editorial. A Janet Cooke la pusieron en la calle y quince años después se casó con un diplomático, se fue a vivir a París y vendió su historia al cine por un millón de machacantes reales como la gripe y no parabólicos. Tom Wolfe ha dicho que leer los periódicos de papel ya no es cool. Un periódico vale un euro y pico, unos cuarenta duros al cambio, lo que no es suficiente para comprarle un peine a un charlatán de feria. Si lo administras bien te dura el día completo y un café con leche sale medio pavo más caro y veinte pitillos cinco veces más y te dejan olor a fogata en la gabardina. El periódico de papel trae un crucigrama para matar un rato, la cartelera del cine, lo que echan en la tele, las esquelas, el balompié, las ofertas inmobiliarias y el precio del colorao, por si andas en un apuro, y decía el difunto Umbral que mantiene a los ciudadanos avisados, a las putas advertidas y al gobierno inquieto. Por un euro y pico, oiga, no sea tan cool, que es una tendencia que le va a obligar a pedir café “ristretto” en vez de un carajillo, y no pretenda que por ese precio todo lo que le contemos sea verdad.

MARTÍN OLMOS

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  1. Esta bien que nos muestren la realidad humana,aunque nos duela…

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