MARTÍN OLMOS MEDINA

El circo, el diablo y el merodeador de la noche

In Lunáticos on 8 de febrero de 2014 at 21:38

Richard Ramírez asesinó a catorce personas y entendió la conveniencia de hacerse seguidor de Satán

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“Ramírez era la personificación del fantasma asesino que entra en un hogar cuando estamos durmiendo”
VICENTE GARRIDO

Al diablo le meten en chismes sin preguntarle y al final acaba recibiendo, qué culpa tendrá él, si ya tiene bastante con llevar la cuerna al aire y que le digan castrón. El diablo empezó poniéndole mucha vocación, queriéndose comer a Dios y a Cristo y haciendo triles con las bichas, lagarto, lagarto, pero le pasó lo que a los ciclistas impacientes que amanecen correosos, se escapan recién empezada la etapa y luego se desinflan en la primera cuneta. Con el tiempo, el diablo, que tuvo pero no ha sabido retener, se ha quedado el pobre en una especie de pariente tonto, que es una figura de mucho recurso para echarle la culpa cuando se rompe un plato. Al diablo ya no se lo cree ni el padre Karras y como mucho se ha puesto moderno y ahora está en el rollo de las bandas metálicas, en la onda de Black Sabbath y Alice Cooper, pero se ha quedado para excusa de los tarados que después de la masacre pintan con sangre de pollo  un pentagrama en la pared y dicen que la culpa ha sido de él. Un asesinato con la ronda de Satanás da para mucha novela y deja en prosa al criminal común que apiola por unos cuernos o por cuatro perras. El lunático ordinario se cree Napoleón pero el loco sanguinario enseguida se junta a Belcebú para que le den reclusión con pastillitas y sin negrazos en la ducha comunal y, si tiene suerte, empieza carrera en el circo y acaba diseñando camisetas. Y lo que viene después es espectáculo: una docena de adolescentes le escriben cartas a la trena y un menda que suele peinar perilla sale por la tele largando sobre la Iglesia de Satán de Anton LaVey y sobre Zugarramurdi. Pero a poco que se monde la peladura aparece el camino trillado de una iniquidad, no más, y el diablo Belcebú dice que le dejen en paz. Anton LaVey fue un charlatán que trabajó de prestidigitador y de pianista de un burdel antes de verle recorrido al demonio y decía que nació con una vértebra de más que le hacía de rabo que acabó desapareciendo durante la adolescencia.  En 1984 Ricky Kasso, un drogota chorizo de Northport, en Long Island, mató de cuarenta cuchilladas a su colega Gary Lauwers. Unas veinte mojadas se las dio en la cara y le sacó los dos ojos. A Ricky Kasso le gustaban los AC/DC, le llamaban el Rey del Ácido porque siempre iba de alucinógenos y una vez le detuvieron por mangar un cráneo de un cementerio. Ricky Kasso dijo que el diablo en forma de cuervo le ordenó el asesinato pero durante la investigación se descubrió que Gary Lauwers le había robado diez papelinas de fenciclidina y en la mayor parte de los pueblos con campanario dos más dos son cuatro.

Autopista al Infierno
A Richard Leyva Ramírez también le gustaban los AC/DC y, como a Ricky Kasso, le guardaban en los cuartelillos una biografía larga como un mes y era de esa clase de puercos que nacen para carne de cañón. Ramírez fue casi bisiesto y nació el 28 de febrero de 1960 en El Paso, Texas. A los dos años se le cayó un armario en la cabeza y le pusieron treinta grapas, a los cinco se quedó medio frito cuando se resbaló de un columpio, a los siete le diagnosticaron epilepsia y a los diez ya había pasado por un correccional por apandar en las tiendas. Su padre era un cholo de Juárez que se fue a la emigración y su modelo en la vida era su primo Miguel, un veterano de los Boinas Verdes que le enseñó a fumar marihuana y le contó como violaba chinas en el Vietnam. Miguel Ramírez  era un esquizofrénico con fatiga de combate que acabó matando a su mujer de un tiro en la cara con un revólver del 38 delante de Richard, que tenía trece años. El primo Miguel consiguió que le exonerasen por orate y se pasó cuatro años en un psiquiátrico y cuando salió continuó influyendo en la educación de Richard enseñándole instantáneas de Polaroid de guerrilleras del RICHARD RAMÍREZvietcong destripadas a bayonetazos. Con quince años Richard se fue a vivir con su hermana mayor Ruth, cuyo marido Roberto era un pervertido mirón que se llevaba al chaval a sus rondas autocomplacientes por las cunetas a media luz y le enseñó a sacarle provecho a un buen paisaje. Para entonces ya le daba al ácido lisérgico, tenía la costumbre de dormir en los cementerios, no aparecía por el instituto y se hacía cisco dándole a la manivela en extenuantes jornadas de amor propio en las que tomaba de referencia un imaginario de mujeres atadas y violadas. Encontró un empleo de botones en un Holiday Inn y le pusieron en la calle cuando le pescaron intentando abusar de una huésped. Cuando a los veinte años se instaló en Los Ángeles, Richard Ramírez era un perchero de piel y huesos que se alimentaba de chocolatinas, robaba coches y tenía los dientes podridos y una halitosis de hiena.

Richard Ramírez comenzó de chorizo marginal que derivó en un profesional del escalo para afanar sortijas y pagarse la coca y acabó sacando a la bestia sin que el diablo tuviese intermedio. En junio de 1984 mató por primera vez a una anciana a cuchilladas y en los meses sucesivos asesinó a otras trece personas a tiros, a palos y a puñaladas. A una chica le sacó los ojos con una cuchara, violó a varios menores y a Virginia Petersen, de veintisiete años, la pegó un tiro en el ojo izquierdo y la bala le atravesó el paladar, se llevó por delante la garganta y salió por la nuca dejándola viva, muda y desfigurada. Richard Ramírez empezó a pintar pentagramas en las paredes y a invocar a Satanás y le llamaron el Merodeador Nocturno. Escuchaba “Highway to Hell” de AC/DC en unos walkman chorados y no se le ocurrió borrar las huellas. Los pasmas empezaron a buscar a un hispano flaco con olor a acequia y le terminaron por identificar, llenaron la calle con pasquines con su jeta y el 30 de agosto de 1985 sus propios carnales mejicanos le reconocieron y le pegaron una paliza de muerte. En el juicio montó el circo, dijo que estaba más allá del bien y del mal, se grabó un pentagrama en la palma de la mano izquierda y le dio vivas a Satán como un padrino en un bautizo. Descubrió que gustaba a las mujeres y les ponía ojitos en las vistas y alguna de ellas se desataba dos botones para enseñarle el canal que le separaba los melones. Le acusaron de catorce asesinatos, nueve violaciones, tres de ellas a menores, dos secuestros, cuatro actos de sodomía y dos felaciones forzadas. Le condenaron a morir en la cámara de gas y cuando escuchó la sentencia dijo: “La muerte es mi territorio, nos veremos en Disneylandia”. Ramírez apeló constantemente retrasando la ejecución y se arregló los dientes, diseñó camisetas y llegó a tener una página web en la que correspondía a sus fanáticos, que generalmente eran mocosos con indigestión de “El Exorcista”. Los familiares de una víctima denunciaron a los AC/DC por inducción y Angus Young tuvo que decir que no eran miembros de ninguna sociedad satánica. La Autopista del Infierno era la carretera de Canning, en Perth, Australia, que llevaba a la tasca preferida del vocalista Bon Scott. Doreen Lioy, una editora independiente con una licenciatura en inglés y un coeficiente intelectual de 152 (lo que le hacía casi una superdotada) le escribió cien cartas a Ramírez y en 1989 se casaron en la Prisión de San Quintín. Lioy conservó la virginidad para concedérsela al hombre que la mereciese y es de suponer que aún anda sin estrenar porque la ley de California no permite revolcones a los condenados a muerte. Al diablo le volvieron a amargar la jubilación y le metieron en chismes como si no tuviera lo suyo. Como si no tuviera los cuernos y el rabito y las patas de chivo como para que le anden en líos de drogotas, de parias y de miserables que le quieren aprovechar para diseñar camisetas. A Ramírez no le salvó Belcebú de que le metieran gas y le libró la madre naturaleza, que se lo llevó el 7 de junio de 2013 a causa de una insuficiencia hepática.

MARTÍN OLMOS

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  1. enhorabuena Martin por el premio y también por la forma de expresarte escribiendo

    siempre es un placer recibir tus artículos
    gracias

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