MARTÍN OLMOS MEDINA

Rameras del Parque Paraíso y príncipes de los Cinco Puntos

In Matones y camorristas on 23 de junio de 2014 at 0:24

En el antiguo Manhattan Woody Allen no hubiese durado ni un minuto de una pieza

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

“Viviendas atroces que deben su reputación al robo y al asesinato. Todo lo inmundo, lo decadente y lo corrupto se halla en los Five Points”
 CHARLES DICKENS

La fatua Manhattan surgió sobre la tierra apenas firme con la que cegaron el lago Collector para que no propagase el cólera. Los holandeses le llamaron Kalchhook y los ingleses el Estanque de Agua Dulce (Fresh Water Pond), pero le acabaron diciendo el Colector y en el centro asomaba una isla en la que colgaron a los negros que se rebelaron en 1714. El Colector tenía pesca copiosa que alimentaba a los indios algonquinos hasta que los cristianos la extinguieron usando redes, que debieron ser prohibidas en 1732. En las orillas del Colector levantaron una cervecería, dos mataderos, varias curtidurías y una fábrica de goma y el lago se convirtió en un vertedero que difundió el tifus y la pestilencia. En 1802 lo drenaron y lo rellenaron de tierra sobre la que, diez años después, se levantó el dédalo de callejones en los que asentó la chusma. Las calles Cross, Anthony, Orange, Little Water y Mulberry convergían en los Cinco Puntos (The Five Points), un terrado de cuatro mil metros cuadrados en cuyo epicentro se levantó el Parque Paraíso, cercado por unas verjas en las que las mujeres colgaban la ropa a secar vigilada por sus hijos armados de trozos de ladrillos. En los Cinco Puntos, cerca de la calle Mulberry, en la explanada de Bunker Hill, los carniceros soltaban toros y les echaban detrás los perros para que los atormentasen antes de acuchillarlos y en el mentidero del Sportsman´s Hall del infame Kit Burns se celebraban peleas de perros terrier contra ratas negras de la cloaca grandes como gatos. Un sobrino de Burns al que llamaban Jack el Rata arrancaba a mordiscos la cabeza de un ratón por diez centavos y por veinticinco se comía a una rata gris. En los Cinco Puntos proliferaron los bailaderos de cerveza y los hombrones se peleaban a muerte por los favores de las Niñas del Maíz, que vendían a la voz mazorcas asadas que llevaban en baldes de madera de cedro, se abrigaban con chales escoceses e iban descalzas. Los hombres que las casaban vivían después de su industria inventando una intersección entre la venta ambulante y el proxenetismo y el más bravo de ellos fue Edward Coleman, que libró una docena de luchas a muerte para conseguir a la más hermosa de ellas, a la que asesinó posteriormente porque consideró que no le rendía lo suficiente y fue ahorcado en enero de 1839 en la cárcel de Tombs, que era una réplica de un mausoleo egipcio.

Los Cinco Puntos y el Bowery cercano lo colonizaron los emigrantes irlandeses que le huyeron a La Gran Hambruna, los italianos, los chinos del opio y los americanos de nacimiento que no tenían donde caerse muertos y levantaron cortijos de putas, coimas y cajones de peristas. Se multiplicaron las tambarrias ilegales en las que no se conocían las jarras y los mejunjes se bebían directamente desde un barril por medio de un tubo de goma a tres centavos la succión dejando la cantidad a la capacidad del chupador. Cada nación se juntó a los suyos y se agruparon bandas salvajes que disputaban a muerte sus desacuerdos. La Guardia Americana Nativa peleó contra la milicia irlandesa de los Guardias de O´Conell el domingo 21 de junio de 1835 en la encrucijada de la calle Pearl con Cross. Los Nativos dijeron que un irlandés tumbó a patadas el tenderete de UN CALLEJON DE LOS FIVE POINTSfruta de un norteamericano y los de O´Conell dijeron que los nativos insultaron a un borracho irlandés. El prosaísmo mandó a los hombres a la tángana mortal. La pelea duró tres días y participaron más de mil contendientes con palos y cuchillos y dejaron catorce muertos, el primero de ellos el doctor William McCaffrey por un ladrillazo en la cara en Grand Street y el último un fabricante de pianos. Las bandas desembocaron inevitablemente en el crimen y nacieron en las verdulerías como la de Rosanna Peers, en la calle Center, en la que exhibía en el exterior frutas podridas y en la trastienda vendía whisky de ganga que era puro alcohol metílico. De aquellos antros surgieron los Guardias de Roach, católicos irlandeses que pelearon contra los Chicos del Bowery, contrarios al Papa de Roma; los Conejos Muertos, que fueron una escisión de los Roach que entraban en combate con un conejo muerto clavado en el extremo de sus estacas; los Camisas Largas y los Feos del Sombrero, que rellenaban de trapos sus chisteras para que les atenuasen los estacazos, y los Chicos del Amanecer, una banda de piratas del río East y del Hudson que fueron capitaneados por los granujas Nicholas Saul y William Howlett, notorios asesinos. Saul y Howlett fueron colgados en la prisión de Tombs la mañana del 28 de enero de 1853 y más de doscientos espectadores hicieron cola para estrecharles la mano antes de que sucumbieran en el nudo.

Rol de bestias
Entre aquellas huestes violentas hombres salvajes y hembras arrebatadas destacaron por su barbarie. Los hombres fueron Billy Poole el Carnicero, conocido arrancaojos; Sloberry Jim, que acuchilló y pateó a Patsy el Barbero hasta matarlo en un antro llamado el Boquete en la Pared que pertenecía a Charley Monell el Manco; Ludwig el Sanguijuela, que bebía sangre humana; Brian Boru, que una noche se emborrachó y se fue a dormirla al puerto y le devoró una manada de ratas; el Dandy Johnny Dolan, el líder indiscutido de la banda de los Whyos, que escondía en el taco de sus botas la sección de un hacha afilada, y Monk Eastman, que disputó contra Paul Kelly una pelea durante más de dos horas por dominar el predio de los Cinco Puntos que quedó a la par. Las hembras fueron la negra Sue la Grande, que también le decían la Tortuga, pesaba ciento cincuenta kilos y alcahueteaba un burdel en Arch Block; Maggie la Gata del Infierno, que luchó al lado de los Conejos Muertos, tenía los incisivos limados en punta y llevaba uñas postizas de cobre con las que arrancaba ojos;  Mag la Tirantes, la gigantesca tumbaborrachos del Boquete de la Pared, que llevaba una porra atada a su muñeca y arrancaba las orejas de sus enemigos a mordiscos y las metía dentro de una jarra de vinagre, y Sadie la Cabra, que embestía con la cabeza y saqueó barcazas en el río Hudson con la Banda de la calle Charlton. Mag la Tirantes le arrancó una oreja a Sadie la Cabra, pero un tiempo después se reconciliaron y se la devolvió porque la conservaba en la jarra y Sadie se la hizo engarzar en un colgante con el que se adornó el cuello.

Los políticos del Tammamy Hall (la crisálida del Partido Demócrata) les vieron la ganancia a las bandas bárbaras y las usaron para conducir a las urnas a los renuentes con el voto ensayado. Se suele estimar, pavo arriba o abajo, que el Tammamy birló unos doscientos millones de dólares de los fondos municipales entre 1865 y 1871. Las bandas duraron el siglo diecinueve y rompiendo el veinte se les unieron hombres como Capone y Johnnie Torrio, que fueron derivando del estacazo en el callejón al crimen en régimen de sociedad limitada.  A los héroes de los Cinco Puntos les hizo el inventario Herbert Asbury, un periodista veterano de las trincheras de Francia que iba para predicador metodista hasta que se cruzó con las rameras. A un frágil cieguito que se llamaba Borges le fascinaron las biografías de aquellas hordas porque le fascinaba el coraje y las posibilidades poéticas de la  violencia física, a pesar de que nunca se batió. En 1999 los arqueólogos excavaron en lo que fueron los Cinco Puntos, que ahora son parte del Chinatown, y encontraron  huesos de niños en lo que determinaron que fue el sótano de un antiguo prostíbulo y refrendaron que la fatua Manhattan de los tíos que van al psicoanalista se asentó sobre un lago de cólera y sobre los hijos muertos de las putas.

MARTÍN OLMOS

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  1. Reblogueó esto en fjavierotaolay comentado:
    Impresioante

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