MARTÍN OLMOS MEDINA

Luis Ciges, veterano de Rusia

In Hazañas bélicas on 8 de marzo de 2015 at 23:23

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS
El actor fetiche de Berlanga se alistó en la División Azul para mitigar el historial republicano de su familia.

“Luis Ciges arrastraba una depresión desde 1936”
LUIS GARCÍA BERLANGA

A la División Azul fueron los voluntarios falangistas a devolverle la visita a Stalin y a cagar burrajos en carámbano en Krasny Bor y en Novgorod y fueron con una manta y en alpargatas, les despiojaron en Hendaya y recién llegaron a hacer la instrucción al  campo de Grafenwöhr se pusieron a tocarles el culo a las parientas de los coroneles nazis por cachondas y por nibelungas. Los culos teutónicos y rosas de las fraus, culos expansivos hambrientos de hectáreas de Polonia para poder sentarse en acomodo, llamaron mucho la atención de los españoles, que pensaron que sabían a margarina y los comparaban con los cueros paisanos que se habían puesto rocinantes por el pan negro y cuadriculados de posarlos sobre sillas de asiento de cuerda de esparto. La División Azul fue la aportación a la gallega del emperador Paco a la guerra de Hitler para compensarle los Heinkel de la Legión Cóndor mientras que por detrás hablaba con los diplomáticos ingleses. El emperador Paco en mitad de una escalera no se sabía si subía o si bajaba. Los burrajos de mierda helada se clavaban en el culo de los que iban a zullarse en las letrinas a cuarenta grados bajo cero como le pasó a Luis García Berlanga, veterano divisionario, que contaba que los cagones que no madrugaban se pinchaban el asiento con un accidente en forma de estalagmita erigido a base de los alivios congelados de los más tempraneros. Luis García Berlanga fue el primero de su batería que crió piojos y el teniente Roque Pro Alonso, que más tarde fue jefe del Sindicato del Espectáculo, ordenó que le tirasen al río.

Xavier Moreno Juliá sostiene que la División Azul se la inventaron entre Ramón Serrano Suñer y Dionisio Ridruejo. Serrano Suñer largó un discurso encendido desde el balcón de la secretaría general del Movimiento de la calle Alcalá 44 en el que dijo que Rusia era la culpable de la muerte de José Antonio: “¡El exterminio de la Rusia soviética es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa!” Serrano Suñer mantenía que la tropa debía formarse por voluntariado falangista con derecho a la germanofilia en contra del deseo del general Varela, que pretendía que fuese una división del ejército español, lo que hubiese significado la entrada directa del país en la guerra. Sin embargo, cuando más tarde se desclasificaron ciertos documentos del Archivo Nacional Británico, salió a la luz que Churchill pagó, a través de Juan March, dos millones de dólares al general Varela para que influyera sobre Franco y evitar que entrara en la Segunda Guerra Mundial. El general Varela se casó con una chavala de posibles de Neguri de toda la vida y tuvo una hija que se escapó a Amsterdam con Paco de Lucía. Dionisio Ridruejo era tísico y tosía esputos de sangre. Umbral sostuvo que pretendió que la División Azul llenase el hueco épico que guardaba su biografía porque durante la Guerra Civil apenas pisó el frente, pero en Rusia solo vio nieve, panienkas y la sangre de otros. El grueso de voluntarios lo formaron los falangistas, las milicias paramilitares y los estudiantes del SEU y se alistaron también miembros de la Acción Católica, monárquicos de la Casa Borbón, carlistas, militares profesionales y setenta y seis portugueses, casi todos ellos antiguos “viriatos” que pelearon la guerra de España en el bando de la rebelión. Pero también se alistaron los buscavidas por el premio de la soldada, que triplicaba el salario de un trabajador español medio, o por la posibilidad de recibir a la vuelta la licencia de un estanco o un puesto de portero de finca, y los que quisieron lavar con la nieve rusa el cartel político de la familia y traerse de la tundra un sello de adhesión al Régimen porque había que sobrevivir.

Divisionarios por conveniencia
Luis García Berlanga se alistó para impresionar a una novia que pretendía que se llamaba Rosario Mendoza y para intentar salvar a su padre del paredón, que estaba preso por haber sido diputado republicano del partido de Alejandro Lerroux. Berlanga estuvo en el frente de Kritivishchi, cerca de Novgorod, pescó piojos y le tiraron al río, no disparó a nadie, se clavó en el bullarengue las puntas de las estalagmitas de mierda porque no era un cagón madrugador y un oficial alemán le recomendó que se pedorrease a gusto y con sonoridad para no criar gases en el estómago y que le tuviesen que licenciar. Rosario Mendoza se casó con un listillo que no fue a pelear con Iván y la invitaba a churros y el padre de Berlanga eludió la pared pagando a costa del patrimonio familiar (una fábrica de electricidad y una finca) una multa de un millón de pesetas a cuenta de lo que se llamaban “responsabilidades políticas” y untando a los intermediarios del estraperlo.

En la saga de Berlanga de “La escopeta nacional”, Luis Ciges hacía de Segundo, el criado de confianza de Luis José, el heredero pajillero del marqués de Leguineche, que parecía tonto pero ponía un negocio de chavalas limpiabotas en topless que movían las domingas como un metrónomo al compás del trapo. Luis Ciges casi siempre hizo de pobre desde que el propio Berlanga le sacó en “Plácido”. Ciges, en aquella época, no dio la talla de mísero porque andaba en un gimnasio y estaba más bien maciste (“me llamaban maricón de playa, me llevaba a las chicas de calle y daba unas hostias…”), pero se compró una gabardina vieja y se esquiló el flequillo y se especializó en interpretar a una trilogía de sopistas que eran el que engañaba, el que se guardaba la comida y el vago. Sin embargo fue un ácrata lector de Georg Lukács, fundador de la Escuela de Cine de Barcelona y compadre de romerías de Luis Goytisolo. Luis Ciges era hijo de Manuel Ciges Aparicio, periodista republicano de la infantería de la generación del 98 y mano derecha de Manuel Azaña, y de Consuelo Martínez Ruiz, hermana de Azorín, que se dedicaba a guisar para Valle Inclán y a tocar el piano. Manuel Ciges Aparicio fue sargento en Cuba y le metieron en la cárcel del Castillo de la Cabaña en La Habana por escribir contra el general Valeriano Weyler, dirigió periódicos y la guerra le cogió de gobernador civil de Ávila y los rebeldes le pasearon a tiros sobre la pared de un cementerio. A la madre y a la hermana de Luis Ciges las metieron a la fuerza en un convento de clausura y Luis y sus hermanos pasaron por uno de frailes castigados en donde pasaron hambre hasta que les propusieron entrar en el Tercio de Orden Público, una fuerza policial de retaguardia, y le destinaron a Elizondo con los requetés, en donde se dedicó a pasear las vías buscando bombas y a cerrar casas de putas. Después se alistó en el Grupo de Asalto y Caza de Tanques de la División Azul y combatió en Leningrado y en Polonia para que su madre cobrase su soldada en marcos alemanes. Caminó mil kilómetros en un mes a cincuenta y seis grados bajo cero y no se llevó a nadie por delante (“no, no maté a nadie, no jodamos”) porque fue un soldado desastroso al que una vez le ordenaron cruzar el campo de batalla empujando una carretilla. Allá se aficionó a fumar como los machos pitillos bolcheviques sin filtro que había que cortar por la mitad. Cuando regresó a España sorteó la mata haciéndose pasar por espía alemán en Orense, pescó una bronquitis, estudió un par de años de medicina y trabajó en un sanatorio de tuberculosos. En el cine empezó haciendo de leproso en “Molokay”, de Luis Lucía, el director de la cuadra de Cifesa que descubrió a Marisol y del que Ciges dijo que distinguía dos modalidades de actrices diferenciadas entre las que tragaban y las que no. Después llegó “Plácido” y los papeles de pasmón y de medio tonto en los que se asentó con comodidad porque le permitían ocultar un bagaje de retaguardia de hijo republicano y veterano por conveniencia en el frente ruso, al que marchó para que su madre comiese de los marcos de Hitler como otros se alistaron para pelear al bolchevique, para cagar burrajos picudos de mierda helada, para que les diesen un estanco o para tocarles a las fraus el culo rosa y nibelungo con tendencia a expandirse hacia Polonia.

MARTÍN OLMOS

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  1. […] recuerda Martín Olmos Medina en Escrito en Negro , cuando Ciges regresó a España se hizo pasar por espía alemán en Orense, luego enfermó de […]

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