MARTÍN OLMOS MEDINA

Miss Liliput

In La tierna infancia on 22 de marzo de 2015 at 21:10

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS
Nadie sabe quién mató a JonBenét Ramsey, la reina de la belleza de seis años

“No todos tienen la suerte de ser huérfanos”
JULES RENARD

Mamá fue Miss Virginia Occidental. Las misses no limpian meadas. Papá convertía un dólar en dos. Fue el Hombre de Negocios del Año en Boulder, Colorado. Papá era raro de cojones. Le gustaba vestir de putas a las muñecas. Mamá soñó un día con ser Miss América. Le gustaban las tiaras. Papá pegó un buen pelotazo. Vendió la empresa de informática que había levantado en su propio garaje por una pasta gansa. Eran el sueño americano. Eran una canción de Meat Loaf: “Once a beautiful Miss America married mister Right”  (Una vez una hermosa miss América se casó con el señor Perfecto). Papá y mamá tuvieron un hijo y pasaron de su rollo. Le dejaron solo en la cancha. No fueron a verle batear como en las pelis de la tele de la hora de la siesta. Papá y mamá tuvieron una hija y calcularon las expectativas. La niña era rubia de trigo y tenía los ojos azules de mar salada. La niña tuvo una infancia de tacones de aguja y lencería. La niña tuvo una infancia de morritos con carmín. La niña no tuvo una cocinita. Ganó tiaras. Fue Miss Liliput. Fue la Barbie Ramera. Papá y mamá construyeron un mundo a su alrededor. Dejaron al chico a la intemperie. La niña montaba a caballo con una chaquetita roja en un club hípico de pijotes. El niño bateaba solo y alimentaba toneladas de mala hostia. La niña recibió clases de declamación y de andar tiesa como el palo de una escoba. Era una supermodelo de veinte kilos. Era un primor. Parecía la furcia de los Siete Enanitos. La niña fue Miss Colorado Infantil, Miss América Royal y Miss Feliz Navidad. Los raros desayunaban con sus fotos. El niño la zumbó con un palo de golf en la cara y le destrozó la mejilla izquierda. Papá y mamá soltaron la pasta a los cirujanos plásticos y a la niña le reconstruyeron la mejilla. El niño dijo que fue un accidente. La niña se meaba en la cama. Mamá pagaba a una pancha para que limpiara las sábanas. Mamá no soportaba el pis. Las misses no limpian meadas. La niña vivió seis años metida en vestidos entallados y no cumplió los siete. Samuel Butler dijo: “Los padres son las últimas personas en la tierra que deberían tener hijos”.

Las niñas ya no quieren ser princesas
Papá era John Ramsey y tenía talento para engendrar pasta a paladas y para ligarse a los bombones. John Ramsey tenía un recodo chungo. También tenía seis millones de dólares, dos avionetas y una parienta que había sido reina de la belleza. Mamá era Patsy Paugh y venía de una familia de bombones. Patsy fue Miss Virginia Occidental en 1977 y su hermana Pamela lo fue en 1980. John y Patsy tuvieron dos hijos a los que concedieron diferentes niveles de atención. El mayor, Burke, era un varón del montón que iba a batear solo en la cancha. La pequeña, JonBenét, era una niña de anuncio de Coppertone, rubia de trigo y con los ojos azules de mar salada y de la estirpe de los bombones de las hermanas Paugh. John Ramsey y Patsy Paugh pasaron de la ley sálica. Burke tuvo que fumar de lo suyo. JonBenét nació para la idolatría. Los Ramsey se mudaron a Boulder, Colorado, y pusieron una mansión en la que daban fiestas concurridas. Los vecinos tenían que pagar el peaje de alternar con el millonetis ponderando la belleza de su hija. La niña arrasó en los concursos de belleza y antes de cumplir seis años fue Miss América Royal, Miss Colorado Infantil, Miss Feliz Navidad, Miss Michigan y Miss Belleza Diminuta Nacional. Papá babeaba hasta los pies. Mamá era la reina madre de las beldades rubias. Burke vivía en la fila del coro y jugaba con un palo de golf. JonBenét tenía un pony y un álbum con fotos vestida de tía cañón. Los raros de la comarca erizaron los colmillos. Los vecinos se dividieron en dos grupos de opinión: unos bebían de gorra y pagaban el peaje y otros decían que la niña era como una Marilyn con la cabeza grande. Las madres de las niñas gordas decían que JonBenét tenía toda la pinta de una furcia enana. Patsy Ramsey manejaba personalmente a la niña pero no le limpiaba las meadas porque las misses no limpian meadas.

En 1996 no hubo asesinatos en Boulder, Colorado. Los pasmas apaciguaban las peleas de bar y espabilaban a los curdas. Los pasmas trincaban de vez en cuando a algún chorizo. Los pasmas les daban lo suyo a los camellos de cuarta división. Los pasmas no veían en la tele el C.S.I. En la navidad de 1996 los Ramsey alternaron en una fiesta vecinal, regresaron a casa y se acostaron. A las cinco de la mañana, Patsy se despertó, bajó a la cocina y encontró una nota de rescate escrita en tres páginas de cuaderno firmada por un grupo de personas representantes de una facción extranjera que se hacían llamar S.B.T.C. JonBenét había desaparecido de su habitación y sus secuestradores pedían veinte mil dólares. Los Ramsey llamaron a la pasma y los vecinos se acercaron al circo. La mansión se hizo carnaval y por allá paseó todo el mundo como en el apeadero de una estación. Los pasmas no sellaron el área alrededor. Le dieron por el saco al C.S.I. Un bofia tuvo una idea clarividente ocho horas después de la denuncia y ordenó a John Ramsey que echara un vistazo a la casa por si veía algo fuera de lo común. John Ramsey bajó al sótano y vio algo fuera de lo común. Descubrió a su hija muerta debajo de una sudadera blanca, con las manos atadas con una cuerda de nailon y un garrote en el cuello estrangulado con el palo roto de una brocha. John Ramsey recogió el cadáver de su hija y lo llevó a la cocina y a los pasmas les pareció que lloraba para la concurrencia. No tenían la menor idea de preservar un escenario pero eran especialistas en la gestión del dolor. Patsy tuvo un ataque de nervios y dijo: “Jesucristo, tú resucitaste a Lázaro. Por favor, resucita a mi hija”. Jesucristo no resucitó a nadie y los forenses determinaron que JonBenét murió de un golpe en la cabeza y que fue agredida sexualmente porque su abertura genital era dos veces más grande que el de una niña de seis años.

Encendieron los ventiladores industriales al lado de piscinas llenas de mierda y el oleaje salpicó las petequias. Se rumorearon juegos sexuales de cuerdas y servidumbre en los que participaban papá y mamá y el candor y salió el palo de golf del príncipe sin trono. A John Ramsey le salió una querida con ganas de tele y el matrimonio contrató a un agente de prensa. El vecindario dio por hecho que a papá se le había ido la mano jugando con su hijita. Les insultaron en el funeral. Mataron a la inocencia vestida de camisón de puta y pareció menos inocente. Los Ramsey fueron a la CBS y montaron un cristo en el programa de Larry King. Las internas dijeron que Patsy no limpiaba las meadas de la princesa. Las internas dijeron que la princesa fue treinta veces al pediatra en dos años y medio. Burke dijo que después de la muerte de su hermana empezó a recuperar su vida. Se acabaron los fondos de investigación y el asesinato no se resolvió, pero las petequias permanecieron. Los Ramsey abandonaron la mansión de Boulder y se instalaron en Michigan. Patsy Ramsey murió en 2006 de cáncer de ovarios. John Ramsey quedó manchado de Humbert Humbert. Le pintaron en un episodio de “South Park” insinuando su culpabilidad. En 2004 pretendió un escaño en la Cámara de Representantes de Michigan pero no lo consiguió. A las niñas les gustan los zapatos de tacón de sus madres. JonBenét Ramsey vivió solo seis años en vestidos de mujer fatal y nadie sabe a estas alturas si fue feliz. Nadie le preguntó si quería ser una princesa. Hermann Hesse dijo que la belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla. John Ramsey amó y adoró la belleza de su hija puede que hasta un punto fronterizo. Puede que le pintase las uñas de los pies.  Patsy Ramsey resolvió en su hija sus ambiciones irresolutas. Ambas cosas no demuestran nada, después de todo. Decía Umbral que a los niños les disfrazan de mañicos y a las niñas de la Bella Otero. A JonBenét Ramsey nunca le dejaron meterse el dedo en la nariz, la llevaron a Victoria Secret en vez de al Toys R Us y la vistieron de la Bella Otero.

MARTÍN OLMOS

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