MARTÍN OLMOS MEDINA

El cura Galeote y su sobrina doña Tránsito

In La cruz y la media luna on 17 de octubre de 2015 at 13:01

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

Al obispo de Madrid le mató un cura por una misa de dieciocho reales.

 

“Galeote parece una fiera enjaulada, balanceándose con un movimiento semejante al de los cuadrúpedos aprisionados”

BENITO PÉREZ GALDÓS

El 18 de abril de 1886, cuando iba a decir la misa del Domingo de Ramos en la catedral de San Isidro, a monseñor Narciso Martínez Izquierdo, obispo de Madrid, le mató de tres tiros a bocajarro el cura Cayetano Galeote y Cotilla, que era malagueño, sordo y follador. Al cura Cayetano Galeote y Cotilla le venía la vesania de familia y estaba teniente porque de chaval le curó mal una otitis. El cura Cayetano Galeote y Cotilla tenía tres hermanos locos y uno en la Guardia Civil. El cura Cayetano Galeote y Cotilla tenía muy mala herencia, el pobre, e irritable cualidad. Llevaba revólver desde que estuvo en Puerto Rico, evangelizando a los taínos de Loíza, y era un poco tartamudo. Por lo demás, jodía con su gobernanta, doña Tránsito Durdal y Cortés, y era mirón con las pesetas, hambrón, malasombra, prognato y raquítico de cráneo. El cura Cayetano Galeote y Cotilla era clérigo de necesidad, de olla negra y poca, y lo que quería era ser portero de finca y dejarse de hostias, pero no le atendieron y acabó diciendo misas a medio duro en la iglesia de la Encarnación. Decía las homilías de aliño, por cumplir, tardándolas por tartaja, y los feligreses se iban a casa sin el Espíritu Santo. El cura Cayetano Galeote y Cotilla no podía confesar porque, como era sordo como una pared, no entendía las faltas y dictaba las penitencias a ojo, calibrándole la pinta al pecador. El cura Cayetano Galeote y Cotilla era lombrosiano sin saberlo y quería ser portero de finca, darse al alivio con doña Tránsito Durdal y Cortés y ponerle jamón al cocido viudo.

El cura Cayetano Galeote y Cotilla nació en Vélez Málaga alrededor de 1840, padeció una otitis bilateral que le dejó como una tapia y como no servía para la milicia, abrazó el hábito sin vocación. Culminó los estudios en Madrid y transitó por varias parroquias hasta que se fue a las colonias y pasó un tiempo de cura castrense en Fernando Poo y cinco años de misionero en Puerto Rico, donde le compró un revólver de seis tiros a un tropical. Regresó a Madrid en 1880 padeciendo derrames de sangre que le volvían peleador y en una barbería a poco que tiró a un tío por la ventana porque le porfió. Cambió de parroquia frecuentemente buscando la misa rentable y dijo el culto en la Encarnación por medio duro, en la capilla de los Irlandeses por tres pesetas y en el Cristo de la Salud de Atocha por dieciocho reales. Vivía mudando de una pensión a otra y en cuatro años estuvo en la calle de La Abada, en la del Reloj, en la Calle Mayor y en el Arco de Triunfo y se trajo para que le gobernase a doña Tránsito Durdal y Cortés, carnuda de hechura, en los treinta y pocos, hocicona de morro, morena y natural de Marbella, con la que postraba en amancebamiento y decía que era su sobrina. Doña Tránsito Durdal y Cortés decía que al cura Galeote le daban ratos de furia que se los calmaba jodiendo. El cura Cayetano Galeote y Cotilla miraba la peseta y puso un anuncio en “El Progreso” pretendiendo una portería, pero no le atendieron y le pegó un sablazo de cincuenta duros al padre Vizcaíno, capellán del Cristo de la Salud, para socorrer a su familia cuando el terremoto de Málaga de 1884. El cura Cayetano Galeote y Cotilla tenía en gran estima a su honor y lo cuidaba de los ultrajes contestando follón. El honor sin duros es difícil de guardar, comprendía, y comía cocido de asilo sin jamón y vivía de pensión. Doña Tránsito Durdal y Cortés, bendita sea, le sosegaba a jodiendas.

El cura Cayetano Galeote y Cotilla erró en desorden y se dejó crecer la barba y en cada esquina interpretaba una afrenta que respondía riñendo, hasta que el padre Vizcaíno recomendó al rectorado que le apartase de la parroquia del Cristo de la Salud. El cura Galeote se vio tocado de honor y de los dieciocho reales de cada misa y elevó una plegaria al obispo Narciso Martínez Izquierdo para que dispusiera la devolución de su ministerio amenazándole, de lo contrario, con celebrar de espontaneo y dar escándalo. Monseñor Martínez Izquierdo era doctor en teología y catedrático de griego, medio carlista, alcarreño y antiguo senador por Valladolid. Martínez Izquierdo era eclesiástico vocacional que socorrió con limosnas a los enfermos de cólera de la epidemia de 1885 y combatía al clero sopista de misa de medio duro y los frailes tumbaollas le miraban del revés. El obispo no contestó y el cura Galeote se vio agraviado y el Domingo de Ramos de 1886 le pegó tres tiros a bocajarro en las escaleras de la catedral de San Isidro. Se abrió paso entre la concurrencia y le metió tres balazos con su revólver tropical que le atravesaron el hígado, la médula y el muslo derecho. Después intentó volarse la cabeza pero los fieles le dieron una zurra de palos y le entregaron a los guardias, que le llevaron detenido a la comisaría de la calle de Juanelo primero y después a la cárcel Modelo porque se juntó feligresía que le quería linchar. El cura Galeote se negó a comer y se bebió una docena de tazas de café y pretendió una celda de pago a costa de empeñar la sotana, pero le metieron en una de oficio. A la mañana siguiente murió el obispo después de recibir la visita del presidente Cánovas y una bendición de León XIII.

Al cura Cayetano Galeote y Cotilla, presbítero sordo y jodedor, le dieron juicio con concurrencia en el que fue clamoreado por el popular el testimonio de doña Tránsito Durdal y Cortés, que dijo que sosegaba al señor a tumbadas. Doña Ana Galeote y Cotilla, hermana del reo, compareció vestida de luto y explicó que tenía tres hermanos epilépticos y dos locos de atar, pero que Cayetano era hombre desprendido que entregó a la familia cuarenta mil duros que se trajo de Puerto Rico. Benito Pérez Galdós visitó al cura Galeote en el brete y le escribió de soberbio y depravado y le pareció un cuadrúpedo encerrado. El cura Cayetano Galeote y Cotilla lloró insistentemente y dijo que Dios le había negado la virtud del mártir. Se libró del garrote porque el doctor Luis Simarro, frenólogo, valenciano y masón, le midió la cocorota y determinó que tenía el cráneo raquítico propio de los idiotas. Le vio también tenacidad en las minucias, memoria desmesurada, sordera, tartamudez, estrechura de pupilas y prognatismo. El doctor Escuder, por refrendar a su colega, efectuó un estudio genealógico de la estirpe de los Galeote y Cotilla en Vélez Málaga y concluyó que la mayor parte de la familia presentaba cuadros de histeria y apoplejía o eran sangrones y medio tuberculosos, además de fecundos jodedores que despachaban de quince a veinte hijos por cada consorcio. Descubrió, además, que el cura Galeote tenía una prima que creció en confusión y meando de pie contra la pared hasta que comprendió que era una mujer cuando le llamaron a quintas y no pudo demostrar prenda. A partir de la revelación, meó en cuclillas como es de Dios. Al cura Cayetano Galeote y Cotilla, mosén de revólver boricua, follador, tapia y malagueño, lombrosiano involuntario, trabuco y recitador de Dios por medio duro, le encerraron en el manicomio de Leganés en donde murió el tres de abril de 1922 de pura vejez y amén. Pueden ir en paz.

MARTÍN OLMOS

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