MARTÍN OLMOS MEDINA

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Que muerto tan bonito

In Lunáticos on 17 de agosto de 2015 at 11:36

ILUSTRACION DE MARTIN OLMOS

A Charles Manson le salió una novia que quería disecarle.

“Lo malo de morirse es lo que se descojonan de ti los que se quedan vivos”

CAMILO JOSÉ CELA

 

Al infame Charles Manson se le está acabando el crédito de tenorio de jais y se está quedando, el pobrecito, para muerto de salón que se pone en el recibidor, al lado del paragüero, y se enseña a las visitas, ay que muerto más bonito. Un muerto en el recibidor entretiene mucho a los niños, que le ponen sombreros y echan el rato.

   -Uy que muerto más sociable.

   -Y ni se le siente, que no da ninguna guerra, y en vida bien que enredó, que era el depravado criminal Charles Manson, santón de jipis.

   El infame Charles Manson, depravado criminal, ya no mete miedo y se está quedando para fiambre de presumir, para pellejo armado sobre un esqueleto de poliéster con ojitos de obsidiana y tono de oficinista al que no le da el sol. Se está quedando para momia, el pobrecito, y para señor mayor al que le quieren sacar el rendimiento las jambas que quieren labrarse un porvenir. Jambas que quieren hacerse un porvenir a costa de un señor mayor ha habido siempre y andan entre la gerontofilia y el plan de pensiones y manejan su capital de jamones en su punto de curación que les dan a catar a los carcamales para que la diñen de un corte de digestión y heredarles. Cuando joven, Charles Manson practicó el verbo de chalán y la mirada de faquir que baila cobras y se llevaba a las chavalas de calle, pero ahora arrastra ochenta calendarios y tarda hora y media en culminar una meada. Charles Manson, en cambio, piensa que el que tuvo, retuvo (y guardó para la vejez) y se echó a un romance otoñal con una jai de veintisiete con la que concertó casamiento y al final le salió urraca. La urraca es Elaine Burton Afton y es la hija de un meapilas baptista de San Luis de Missouri al que no le gusta el novio de la niña, usted verá. Elaine mira con vaga melancolía, como una monitora de catequesis guapita que te prepara para la confirmación y está a punto de ponerse a cantar una misa campesina con una guitarrita, en plan Carlos Mejía Godoy, pero detrás del naif se esconde una lagarta con un plan de jubilación. Elaine lleva el pelo negro lacio, tiene pinta de tener un huerto ecológico y se hace llamar Estrella porque a Manson le gustan las chicas con mote.

  Cuando Manson tenía pandilla y aire libre llamaba a sus monaguillas con nombres molones: Susan Atkins era Sadie la Sexy, Diane Lake era la Serpiente y Catherine Share era la Gitana. La historia de Manson ya es puro folclore: su madre era una ramera borracha que le cambió por una birra, le violaron en el reformatorio y acabó en el trullo por proxenetismo y por trapichear con mandanga. En la cárcel se merendó un combinado de Biblia y cienciología y cuando salió a la calle juntó una panda de lumbreras   a los que les zampó la mollera y luego vino la carnicería de Cielo Drive y Nixon dijo que la culpa era de los jipis y de tanto cuento de respuestas que están flotando en el viento. Manson aprovechó el tirón de hacerse el chota y pasó por un gurú del rollo sicodélico, se grabó una esvástica en la frente y aún se cree que es una estrella. Manson lo que quería es ser cantante pop y ligarse a las grupis y se quedó en santón de los majaretas porque a veces los planes no salen bien.

Elaine Burton Afton, que se hace llamar Estrella, empezó a leer las cagadas que escribía Manson cuando tenía dieciséis años y cuando cumplió dieciocho se ahorró dos mil pavos trabajando en un asilo de San Luis y se fue a vivir al lado de la prisión de Corcoran, en el condado de Kings, en California. Allá Manson pena la perpetua a cal y canto y tiene la próxima revisión de sentencia en 2027, con lo que más bien la va a diñar a la sombra. Estrella visitó a Manson cada domingo y se lo cameló y dijo a la CNN: Le quiero, y de alguna manera sé que posee la verdad cuando nadie más la tiene. Manson tuvo la ilusión de que aún guardaba predicamento y se prometieron matrimonio en noviembre de 2014. Manson como novio es un pelma porque no te saca los domingos, pero él piensa que todavía mola. Las autoridades leCHARLES MANSON Y ELAINE BURTON AFTON concedieron una licencia de matrimonio con una caducidad de noventa días que podía ser revocada en caso de que el recluso se metiese en líos y Manson se puso chulo con un guardia y se negó a someterse a un análisis de orina. La parejita se hizo fotos para la prensa: ella en plan de tía que toca el sitar mirando una puesta de sol y él en plan de baranda de los diabólicos. A algunas chicas les gusta enamorarse de los asesinos y se hacen fanses de los monstruos. Por lo visto es una inclinación femenina a la que los psicólogos le han puesto el nombre de enclitofilia y que consiste en que Josef Fritzl reciba cartas de amor. Sin embargo, Elaine Burton Afton, que se hace llamar Estrella, no sufría el trastorno y el “New York Post” descubrió que tenía un colega y un plan. El colega era Craig Hammond, un chico más de su edad, y el plan casarse en gananciales, esperar a que Manson la palmase y heredar el cadáver para meterlo en una urna de cristal y enseñarlo a los curiosos que pasasen por caja.

A un muerto, si se le cuida, se le puede sacar el rendimiento y ponerle en un bodegón, con sus cosas y en su ambiente, para que le visite la familia. A los muertos se les pasa por maquillaje, que le dicen tanatopraxia, para que reciban en el velatorio con mejor cara porque los vivos no nos damos cuenta de que le hace puta gracia el estado en el que se ve obligado y no tiene ganas de hacer vida social (generalmente un muerto está muerto a su pesar y no anda para vainas). Umbral decía que un muerto sin rictus es un gilipollas, un pisaverde de la muerte y un simpático que cae gordo. Un muerto es un estorbo porque abulta según su complexión y hiede al tercer día, como el pescado y las visitas. El muerto espectáculo, en cambio, es un actor mudo sin agente al que le rinden mientras no pudra y le birlan el porcentaje. A los vivos nos gusta ver muertos: en París, cuando prohibieron las ejecuciones públicas, los paisanos mataban el rato en la morgue municipal viendo los cadáveres sin reclamar. Muertitos célebres han sido Elmer McCurdy, bandido de Oklahoma al que liquidaron a tiros, le embalsamaron con arsénico y acabó de atracción en la taberna de Jefferson Smith el Jabonoso y el bosquimano de Bañolas, negrito sociable al que acabaron sacando de su vitrina del museo Darder para enterrarlo en Botsuana con el honor de un héroe. Al negro de Bañolas le disecaron los hermanos Verraux, célebres taxidermistas, y aún le echan de menos en el municipio porque hacía compañía. Los muertos están secos por dentro, como las mujeres estériles, y no conservan su fulgor ni su violencia y solo se les ve la gabardina. Charles Manson se enteró del plan de su novia y rompió el compromiso y no va a acabar de muerto de feria. Dijo, por hacerse el vivo, que siempre sospechó y que, en todo caso, el proyecto era inviable porque él es inmortal. Elaine Burton Afton ya no parece una catequista guapita que se arranca por Carlos Mejía Godoy y resultó ser una chavala que quería casarse bien y le vio industria a un carcamal. A su padre no le gustaba el novio, que usted verá. A los padres nunca les gustan los novios de las niñas (de sus ojos) por mil razones de fundamento, porque tienen un pendientito o porque estudian Periodismo. No es probable (aunque vete a saber) que Manson sea inmortal, más bien es un camelista que como le sigan saliendo novias ful se va a quedar para vestir santas.

MARTÍN OLMOS

 

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El psicópata pop

In Lunáticos on 17 de enero de 2013 at 13:28

Charles Manson es hoy un icono popular, como las latas de sopa Campbell

CHARLES MANSON POR MARTIN OLMOS

“¡Soy el Hijo del Hombre y el Ángel Exterminador!”
CHARLES MANSON

Los que nos dedicamos a escribir porque no servimos para un trabajo honrado y encima lo hacemos mal terminamos por atender a la recomendación de George Bernard Shaw que dice que si no consigues lo que te gusta, será mejor que te guste lo que consigues. Que en vernáculo quiere decir que el que no se consuela es porque no quiere. Charles Manson también ha tenido que adaptarse a las circunstancias,  porque quiso ser una estrella del rock y se ha quedado en psicópata pop y le ha ido cogiendo gusto al oficio. El que empezó de robaperas, de chulo de cuarta y de aparcabicis del presidio terminó de asesino mesiánico y hoy es una marca registrada, le glosan los conjuntos del jevimetal y tiene un club de fans en el internet que vende camisetas con su jeta por veintiún pavos las tallas normales y veinticuatro las extra grandes. Cuarenta dólares la sudadera, veinte el mechero y quince el colgante para el cuello. A Charlie Manson le escriben a la trena adolescentes con la cara hecha un cráter que jamás se han comido una rosca y ha salido en el “Today Show” de la NBC, en las portadas del Life y de Rolling Stone y en Vanity Fair, compartiendo la primera página con Lady Gaga y Carla Bruni. Hoy Manson es un viejo, probablemente no vuelva a ver el sol sin rayas y es un negocio. Ayer fue la pesadilla de América, que ha criado unas cuantas. Anteayer solo fue un chorizo con labia, un mangante de coches, un chulo del amateur y un timador de cheques ful que le supo sacar el rendimiento a la Era del Acuario. “When the mooooon is in the seventh house…”

El chorizo
La primera parte de la biografía de Manson no se diferencia de la de cualquier cofrade del birle con un balde lleno de boletos para acabar tieso durante el atraco a la tienda de un coreano: nació el 12 de noviembre de 1934 en Cincinatti, Ohio, su madre era una borracha que se llamaba Kathleen Maddox que deslastró con dieciséis años y vivía saltando la mata y del comercio del revolcón. Su padre le sembró, se subió los pantalones, recogió el cambio y desapareció. El pequeño Charlie se crió en las cunetas y al arrullo de la música de somier en pensiones perreras. Una vez que estaba trompa, su madre le intentó cambiar por una pinta de cerveza, que eso es tener sed. Cuando inevitablemente la entrullaron, Charlie fue a parar con unos tíos de Virginia que interpretaban la Biblia al pie de la letra y le molían a palos. Con nueve años ya estaba en el reformatorio por chorizo, con quince en un colegio para tarados en donde le violaron en la lavandería después de romperle la boca a patadas y con diecisiete le pescaron sodomizando a punta de navaja a otro chico del correccional. De los diecinueve a los treinta y dos años se pasó más tiempo a la sombra que en la calle, generalmente por mangar coches, endosar cheques falsos, traficar en menudo con setas de la risa y por sacarles un rendimiento a sus novias. Manson era pequeñajo y frágil, una desventaja física que no augura un porvenir cómodo en la cárcel, pero se libró de acabar de novia de un kie con tatuajes en los bíceps porque tenía, como los profetas, el don de la palabra y se dio cuenta de que si tocaba la flauta, las ratas le seguían. Se merendó la biblioteca de la prisión y adquirió una verborrea en la que mezclaba la Biblia, el budismo y la cienciología de Hubbard, aprendió a tocar la guitarra que le regaló Alvin Karpis el Monstruo, un antiguo miembro de la banda de Mamá Baker, y decidió ser más grande que los Beatles.

El gurú
Salió a la calle con treinta años largos, cantó en el metro, no recogió ni un centavo, no entraba en sus planes trabajar, escuchaba a los Grateful Dead, a Janis Joplin y a Jefferson Airplane  y se mezcló con la tribu del Verano del Amor del distrito de Haight-Ashbury, en San Francisco. Recogió su rebaño de chavalas con flores en el pelo y se puso hasta arriba de mescalina. Fundó la Familia, las ratas le siguieron  y se hizo su voluntad. En Los Ángeles conoció a Dennis Wilson, el batería de los Beach Boys, y le intentó convencer para que le financiase un disco. Wilson le presentó a Terry Melcher, el creador del rock californiano y Mason se hizo ilusiones. Decía Dalí que la lectura delirante del mundo que hace un paranoico es tan real como la de uno que está en su sano juicio pero las carnicerías que alentó Manson suenan un poco a la  revancha de un desengaño. Manson predicaba el Apocalipsis a CHARLES MANSONsus acólitos y les convenció de que estaban a cinco minutos de que los negros empezasen una guerra civil en la que derrotarían a los blancos, pero después no sabrían administrar el país debido a su inferioridad racial y le buscarían para asumir el mando. El primer asesinato del rebaño de Mason fue un crimen de trapicheo: cosieron a puñaladas al traficante Gary Hinman en julio de 1969 después de cortarle una oreja por una deuda de anfetaminas. Diez días después culminaron la masacre de Cielo Drive, en la que destriparon a machetazos a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski, a sus tres invitados y al jardinero. Sharon Tate estaba embarazada, le sacaron el feto, le cortaron los pechos, la colgaron de una viga y escribieron con su sangre la palabra “cerdo” en la pared, seguramente con la intención de que les cargasen el mochuelo a los morenos de las Panteras Negras. A la mañana siguiente asesinaron al matrimonio La Bianca en su casa de las colinas de Los Feliz siguiendo la misma pauta macabra, grabaron con un tenedor de trinchar la palabra “guerra” en el pecho del marido y con la sangre de la mujer escribieron disparates en la nevera.

El circo
Durante el juicio, Charles Manson montó el circo de los hippies locos: se grabó una esvástica en la frente, amenazó a todo el mundo, hizo el chorra y sus seguidores se manifestaron en la puerta del tribunal con la cabeza pelada, largó sus discursos de orate y echó la culpa a John Lennon. Para estar como un cencerro, Manson guardó la precaución de no participar personalmente en los asesinatos y dejaba las cuchilladas para la infantería. En las grabaciones de la vista pone su colección de muecas como un mimo de parque, bizquea y dice: “Soy una navaja afilada”. Dice: “Yo manejo el inframundo”. Dice: “Soy el malabarista del vino”. En ocasiones parece un actor de función de fin de curso sobreactuando de loco. Quizá solo sea un impostor. El asesinato de Hinman fue un ajuste de drogotas con poca paciencia y el rancho del 10050 de Cielo Drive había pertenecido a Terry Melcher, el productor que no le grabó el disco, con lo que es posible que la jauría de Manson, hasta arriba de ácido, se confundiese de víctimas. El crimen de los La Bianca fue una distracción para culpar a los negrazos, que llamaban “cerdos” a los bofias. Puede que toda su parafernalia de barbas de Abraham, su discurso del anticristo y toda la mierda esconda su frustración por no estar cantando en la MTV, puede que no esté tan loco ni usted tan cuerdo. Puede que no consiguiese lo que le gustaba y ha terminado, a la fuerza, por gustarle lo que ha conseguido, que es ser el santón de los asesinos, salir en las portadas y que se vendan camisetas con su jeta en el internet.

MARTÍN OLMOS

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